Fondos de Incentivo Cultural – Nuevos desafíos

Paso a paso, comienza un cambio de mentalidad para el Estado, para las empresas y para los artistas.

Las leyes de mecenazgo, de patrocinio o de incentivo cultural, son mecanismos por los cuales se desarrolla la convivencia y la interacción entre dos integrantes de la sociedad: empresarios y artistas. Con el Estado como intermediario los primeros podrán invertir parte de sus impuestos en proyectos culturales. Más allá del tema tributario, hay un tema cultural.

¿Qué ventaja tiene que se sume el mecanismo de patrocinio empresarial al de subsidio público?
Se identifican por lo menos tres ventajas importantes que tienden a mejorar la realidad cultural del país, más allá de los conceptos generales de: más cultura, mejor país y mejor imagen de país dentro y fuera de fronteras:
La interacción entre artistas y empresarios puede significar desde embellecer una cuadra de una ciudad hasta aumentar el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos hacia las instituciones y valores culturales de nuestra sociedad. El desarrollo de audiencias, tema primordial en gestión cultural en todo el mundo, está basado en involucrar más gente que no tenga que ver directamente con la institución artística, atraer nuevos públicos. ¿Qué mejor para involucrar gente que asociarlos a la institución desde la etapa de gestación de los proyectos haciéndolos sentir parte de los mismos?
El “espacio fiscal” que cede el Estado motiva inversiones y se multiplica. La empresa para poder utilizar ese espacio debe invertir de su propio bolsillo para conformar el total de la donación. A esto se suman todas las inversiones que se desencadenan a partir de un evento cultural, desde contratos, servicios terciarizados, entradas vendidas, etc.
El Estado, al compartir la responsabilidad del patrocinio con empresas, puede dedicarse a apoyar emprendimientos más débiles o menos atractivos para el sector empresarial, y no por eso menos importantes para la sociedad en su conjunto.

Un cambio de mentalidad

Para el Estado significa coordinar acciones entre todos los miembros del gobierno involucrados. Crear y cuidar un mecanismo muy dinámico. Asegurar su calidad y su ritmo, pero compartir la toma de decisiones para administrarlo. Entender los cronogramas empresariales para que puedan sincronizarse con los trámites que marca la ley. También significa convocar y presidir un Consejo de catorce miembros, seis representantes de los sectores artísticos, cinco del Poder Ejecutivo y uno del Congreso de Intendentes, y sacar adelante con ellos las diferentes etapas del proyecto. Obviamente no es lo mismo la función del Estado el primer año de vida del mecanismo que en el futuro. Es de esperar que el Estado pueda finalmente dar un paso al costado en muchos aspectos que ahora debe cuidar, una vez que el nuevo sistema comience a andar con la autonomía que la normativa prevee.
También se espera tanto del Consejo como del Estado que sigan invirtiendo esfuerzos en reflexionar sobre el mecanismo actual, observar detenidamente su funcionamiento y desarrollar propuestas que lo mejoren.

Para las empresas significa entender el mecanismo y muchas veces reorganizarse. Hasta ahora el mecanismo es para aquellas empresas que pagan IRAE e Impuesto al Patrimonio. Muchas de ellas son pro-activas en el tema de patrocinio a la cultura. Otras han integrado la Responsabilidad Social Empresaria a las estrategias de sus organizaciones. Hasta ahora no han recibido beneficios fiscales a cambio. Desde ahora, siguiendo un procedimiento bastante simple podrán canjear parte de sus aportes por certificados de crédito de la DGI y parte podrán pasarlo como gastos. Pueden elegir entre tres tipos de fondos: El fondo global, los fondos sectoriales o aportar directamente a un proyecto específico. Los beneficios que le puede reportar a una empresa el asociarse a una institución cultural o a un artista son múltiples, desde posicionarla en un rol de liderazgo frente a todo la sociedad hasta mejorar la comunicación interna de la empresa, el sentimiento de orgullo de sus empleados y de pertenencia al barrio, a la ciudad o a la vida cultural de todo el país.

Para los artistas, el cambio consiste en exhibir sus proyectos en etapa de génesis para ser juzgados y evaluados por tribunales idóneos y por las propias empresas interesadas.
Puede significar una motivación para seguir mejorando sus organizaciones tanto desde el punto de vista comunicacional, institucional como edilicio.
Pero hay otro cambio de mentalidad más profundo y es el optar o no por conectarse con la sociedad que los rodea. Hay muchos artistas que con muy pocos recursos, o gracias al limitado subisidio público trabajan desde el individualismo, en soledad, hasta la concreción de sus proyectos y la presentación pública.
Para comunicarse con potenciales patrocinadores deberán muchas veces analizar sus emprendimientos desde nuevas perspectivas, para poder contestar preguntas o llenar formularios con datos como: ¿a qué público va dirigido? ¿cuántas personas piensa convocar? O ¿cuál es el impacto de lo que hago en la sociedad que me rodea?…No siempre un artista crea desde esa perspectiva. Por suerte este mecanismo no es obligatorio y cada uno podrá decidir si lo utiliza o no. Al respecto es importante destacar que este mecanismo no viene a sustituir a los ya existentes sino a sumarse como otro camino más de obtención de recursos.
Es que todos estos mecanismos de subsidios, en todas partes del mundo, parten de una premisa y es que para hacer arte se necesitan recursos económicos. De más está decir que para vivir en este mundo tal cual es, se necesitan dichos recursos. Este es un paso que viene a re valorizar la actividad artística en tanto profesión.
Algunos números interesantes: En el año 2009 se presentaron al primer llamado casi trescientos proyectos (72 en audiovisual, 52 en música, 47 en teatro, 33 en artes visuales, 24 en danza, 25 en letras, 11 en museos, 2 en artesanías y 3 multidisciplinarios). Si sumamos las aspiraciones de todos nos da casi 270 millones de pesos. (casi el 40% de esta suma aproximadamente corresponde al sector audiovisual, que es el que requiere más fondos para funcionar). El tope al espacio fiscal a utilizar para el primer semestre, fijado por el MEF, es de poco más de 18 millones de pesos. Posiblemente para el segundo semestre sea igual. Por supuesto que no todos los emprendimientos van a pasar a integrar el registro, y hay muchos proyectos que tienen vigencia en el tiempo y en el segundo semestre del 2009 sólo pretenden cumplir con una etapa. De todas maneras es indudable que el Poder Ejecutivo ha optado por la prudencia en esta primera etapa.
Quizás la mayor audacia haya sido dar este primer paso. Sin duda que darlo ha sido útil aunque sea desde el punto de vista de poner el tema sobre el tapete, de informar, de comunicar. Este primer paso, ya supone una etapa de evaluación y de reflexión sobre nuevos caminos. Por fortuna tenemos cerca un ejemplo digno de ser estudiado. Podría decirse que luego de 17 años de experiencia y de mejorar diferentes aspectos de su mecanismo Brasil y su Ley de Incentivo a la Cultura o Ley Rouanet han cambiado la realidad cultural de su país.

Se sugieren los siguientes vínculos:

www.fondosdeincentivocultural.gub.uy

http://www.cultura.gov.br/site/categoria/apoio-a-projetos/mecanismos-de-apoio-do-minc/lei-rouanet-mecanismos-de-apoio-do-minc-apoio-a-projetos/