En un reciente discurso, en ocasión de visitar el Museo del Fútbol, el Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez enfatizó que tan importante como los recuerdos- y vaya que los museos los tienen y generan –son los sueños.
Quizás esa premisa es la que guía a varios “Quijotes” que a lo largo y a lo ancho del territorio nacional generan propuestas museísticas con perfil bajo y bolsillos flacos. Hombres y mujeres que se han puesto como meta rescatar la memoria de una comunidad a través de proyectos que pasan a ser un norte en sus vidas.
Hace una década Nicolás Golochenko Villagrán, descendiente de los primeros rusos que llegaron a San Javier, una colonia rusa del departamento de Río Negro, compró la casa más antigua del poblado. Obtuvo el dinero contestando sobre mitología griega en un recordado programa televisivo de preguntas y respuestas.
La ayuda de las familias de San Javier fue fundamental, y pudo acopiar un buen acervo. Hace tres años obtuvo un financiamiento del programa “Fondos Concursables” del MEC, recursos con los que reformó las salas de exposición del museo. Todos los fines de semana, Nicolás se toma el ómnibus desde Montevideo hacia su pueblo natal para atender su pasión, que es el museo. Y en enero, cuando la mayoría de los uruguayos buscamos la playa y el sol, él prefiere ir a San Javier a seguir trabajando porque considera que si bien ha avanzando, aún le falta mucho.
En el extremo norte del país, un veterano ex trabajador del azúcar ha dedicado gran parte de su vida a una tarea de arqueólogo aficionado, recogiendo piezas líticas y cerámicas, las que exhibe en un local diseñado para ese fin en su propia casa, con gran prolijidad y dignidad. ¿Quién en Bella Unión no conoce a Julio César Cardozo, por todos conocido como “Tucho”?.
Al mismo tiempo en Pan de Azúcar un museo alberga gran parte de la vida de esa localidad a través de fotografías, programas de cine y un acervo muy variado. Es el sueño de un empleado de los casinos nacionales que desde hace algunos años muestra con orgullo lo que él llamó “El Galpón de Domingo”. Su apellido es Rodríguez, para más datos, y se ha convertido ese lugar en un verdadero centro cultural de la zona. Y la vida e historia de esa ciudad de Maldonado viven entre esas paredes, visita obligada para los turistas que pasan por allí.
Alguien podrán pensar que estos pequeños emprendimientos- y muchos otros en todo el país -están lejos del concepto de museo del Consejo Internacional de Museos (ICOM), al carecer de un concepción científica a nivel museológico y museográfico.
No tendrán la prensa de los grandes ni el glamour para el que hay que contar con un presupuesto acorde. Pero son un ejemplo de la constancia y el esfuerzo (personal y con el involucramiento de la familia) que supone llevar adelante iniciativas que intentan rescatar la identidad y la memoria de gentes y lugares, al tiempo que cumplen con los cometidos de exhibir y conservar, y tienen una clara función educativa, que son premisas de ICOM.
Es la aventura de hacer un museo desde el corazón. Y son sueños que impulsan a seguir adelante y merecen ser apoyados.
Prof. Alejandro Giménez
Coordinador de Museos, DNC

















