Hacia un museo del “SI”

Un matrimonio va a entrar a un conocido museo montevideano de administración pública y ya antes de ingresar al mismo, un gran cartel no es señaléctica ni anuncia actividades de la institución, le informa acerca de lo que “NO” se puede hacer. Por ejemplo, una cámara de fotos cruzada por una raya es señal universal de que no se puede tomar fotografías, además de otras prohibiciones, como fumar e ingerir alimentos.

En otra museo, esta vez de la Ciudad Vieja, y también de gestión estatal, no basta con que cordones impidan a los visitantes acercarse a las obras, sino que también hay carteles colgando de esos cordones que exhortan: “Prohibido tocar”.

No faltan los museos en donde el personal de vigilancia desempeña casi una función “policíaca”, detrás de los visitantes y reprimiendo el mínimo acercamiento a un objeto. Ni que hablar que hay que hacer silencio, abonando aquello de museos-mausoleos –y nada de que un niño corra, aunque sea unos pocos metros, por sus salas.

Todos éstos son ejemplos del “NO” en nuestros museos. Y no decimos que no se regule ciertas conductas de los asistentes a esos sitios (nunca falta el que contraviene las normas), pero no parece motivar a la visita si de entrada nos encontramos con señales que resaltan la negación.

Si eso se complementa con una nula “atención al cliente” (cuando no es antipática y hasta quejosa de cuando hay mucha gente), la impresión que recibe el visitante es la peor y por eso hemos visto cartas en diarios capitalinos denunciando malos tratos y hasta ignorancia de lo que está en exposición por parte del personal de sala.

Es cierto que el acervo debe ser preservado, pero de un modo que no haga que el “cliente” (palabra que a muchos rechina aún en el Uruguay cuando de trata de empresas culturales …) se siente incómodo. La vigilancia debe ser llevada a cabo de un modo que no perturbe la visita, existiendo hoy recursos técnicos, como las cámaras, que algunos museos tienen.

Es fundamental que la concurrencia a esos lugares de la cultura por excelencia que son los museos no sea un malestar y que verdaderamente signifique un momento agradable en donde el visitante adquiera un conocimiento.

¿Quién dijo que hay que estar en silencio sepulcral en un museo?¿Y por qué no puede correr un niño (no decimos un grupo escolar entero), mientras no ponga en peligro los objetos en exposición?¿Es necesario poner un cordón y además un gran cartel adherido?.

Debemos ir en los museos uruguayos hacia instituciones amigables y confortables, que inviten a ser visitadas atendidas por recursos humanos capacitados y amables, en donde la seguridad ocupe un sitio importante pero de un modo que no sea agresivo para quién optó por esa oferta cultural.

Estos aspectos deben ser parte de un proyecto global de desarrollo y gestión, que tenga como objetivo lograr el mejor concepto de parte del consumidor (otra palabra que alguno no gusta hablando de cultura) y motive la vuelta del mismo en un futuro cercano.

Construyamos entonces museos del “SI”. Siempre en positivo.

Coordinador de Museos, DNC
Prof. Alejandro Giménez