El nacimiento y el entorno
Trinidad Guevara nació en la Villa de Santo Domingo de Soriano –Departamento de Soriano– el 10 de mayo de 1798, en la llamada “Casa de los Marfetán”, una de las más antiguas construcciones privadas del Uruguay.
Se trata de un casco de estancia que sirvió durante todo el siglo XVIII y parte del XIX como posta de paso a las carretas y diligencias de la época.
En tanto que se desarrollaban allí tareas agropecuarias, funcionó alternativamente como pulpería, depósito de municiones en tiempos de guerra, y como sala de operaciones y de parto para los lugareños en tiempos de paz.
La Casa de los Marfetán fue el punto de encuentro entre varias encrucijadas del camino.
“Era el lugar del canto popular, de la guitarreada y el mate, de ollas humeantes para mucha gente y de barriletes y pandorgas en la primavera ventosa. Un caserón con salas de recibo, dormitorios innumerables seguidos en largo corredor, patios, aljibes con parrales, depósitos y sótanos con calabozos.” –según palabras de la entrevista a Julio Marfetán, descendiente directo de esta antigua familia.
Fue su padre don Joaquín Ladrón de Guevara y Vasconcellos, natural de la villa de Toro, de heroica tradición histórica en Castilla la Vieja y vinculados con la Casa del Duque de Bretaña, como nos informa el genealogista Ricardo Goldaracena.
“Ladrón” es una deformación de “larrón” que significa “hombre grande”.
Este castellano viajero, desclasado y aventurero estuvo vinculado como actor y traspunte desde el comienzo a la fundación de Casa de Comedias, uno de los primeros teatros del Río de la Plata.
Su madre fue doña Dominga de Cuevas Bazán, era descendiente de mestizos paraguayos que fueron anotados como “indios forasteros” en el Censo de Santo Domingo de Soriano en 1778.
Infancia y adolescencia

Dibujo de Alphonse D´Hastrel. 1808. El puerto de Montevideo. Colección Archivo Nacional de la Imagen. SODRE.
La familia Guevara decide trasladarse a la ciudad de Montevideo aproximadamente hacia 1806, lo sabemos porque sus últimos dos hijos fueron bautizados en la Catedral a partir de esa fecha, Juan Francisco (1806) y Gervasia Feliciana (1807). Es de subrayar que aparece como madrina de ceremonia del primero, la célebre actriz de Casa de Comedias, Petronila Serrano, lo que demuestra la vinculación de sus padres con el ambiente teatral de la época.
Eran malos tiempos para una mudanza.
A tres cuartos de siglo de su fundación, la planta urbana de Montevideo se mantenía dentro de sus estrechos límites originarios, en tanto que su población había aumentado considerablemente llegando a unos 15.000 habitantes; 10.000 correspondían al “casco de la ciudad” y 5.000 a sus arrabales, ejido y propios. La mitad o más de la planta urbana no estaba edificada; la mayoría de sus casas seguía siendo de paredes de piedra o ladrillo y techo de teja. Sólo unas 300 lo eran de azotea, de uno o dos pisos. En las afueras, arremolinándose entre baldíos, pozos y charcos había unas 600 casas de ladrillo o de barro, con techo de paja.
J. Parish Robertson, insertada en sus “Letters on Paraguay” nos ha dejado esta emocionada visión de la ciudad en la época de las invasiones inglesas.
Verano de 1807. Calor tórrido:
“Montevideo es plaza fuerte y regularmente fortificada. En el puerto se veían botes atareados yendo de un barco a otro; se veían bergantines de guerra navegando cerca de las murallas y bombardeando la ciudadela; los cañones eran dirigidos con certera puntería a la parte de las fortificación elegida para abrir la brecha; y el mortero descargaba en parábola mortífera sus bombas destructoras.”(…)
“Desembarcamos aquel día para encontrar que nuestras tropas estaban en completa posesión de la plaza. ¡Qué espectáculo de desolación y miseria se presentaba a cada paso ante nuestros ojos! La carnicería había sido terrible, en proporción al valor desplegado por los españoles y al valiente e irresistible empuje con que las masas fueron dominadas y los cañones silenciados por el inglés.”(…)
“La mortandad era terrible y sin interrupción. Montones de heridos, muertos y moribundos se veían por doquier, y a cada paso encontrábamos literas llevando pacientes a los distintos hospitales e iglesias”(…)
“Un mero campo de batalla no puede contener la mitad de los horrores de una ciudad tomada por asalto. En este caso el dormitorio conyugal y el círculo de familia están igualmente expuestos a la violencia” (…)
“No había más higiene pública en la ciudad que la producida por los aguaceros que, a intervalos, sacaban de las calles los montones de basura. Alrededor de las sobras de carroña, legumbres y frutas podridas, que en grandes masas se acumulaban allí, las ratas absolutamente pululaban en legiones. Si intentaba pasar cerca de esos bandidos formidables o interrumpir sus comidas u orgías, hacían rechinar sus dientes como lobos nocturnos.”
El asalto y toma de la plaza por los ingleses en 1807 y la revolución oriental de 1811, que impuso por dos veces consecutivas un riguroso sito a la ciudad, redujeron notablemente el impulso poblacional fuera de muros; el mismo se reiniciaría luego del cese del dominio español en 1814.
Durante todo este período, Montevideo fue una ciudad hostigada, pobre y hacinada.
Sin embargo, en medio de tanta calamidad había un teatro, un espacio de relacionamiento social donde se iba gestando una nueva cultura.

Dibujo de Alphonse D´Hastrel. 1808. Las azoteas de Montevideo con el fondo de la Iglesia Matriz. Colección Archivo Nacional de la Imagen. SODRE.
La Casa de Comedias

Casa de Comedias hacia 1845. Reconstrucción de Menck Colección Museos Municipales de Montevideo.
Estaba situada en pleno centro urbano de la ciudad, hoy Calle 1º de Mayo, cerca del Palacio Taranco. Isidoro de María en sus crónicas de “Montevideo Antiguo. Tradiciones y recuerdos”, nos traza un boceto del edificio:
“El frente miraba al este, con dos puertas anchas y bajas para la entrada principal, y sobre ellas tres ventanas con unos barrotes, que hacían de balconcitos para las cazueleras. A la izquierda, otra puerta independiente que conducía a la escalera de entrada a la cazuela. Entre ellas la ventana de la boletería. Interiormente tenía dos órdenes de palcos con sus corredores y la cazuela.
Los palcos bajos en número de seis por lado, sólo llegaban a la mitad de la sala, para dar más extensión a la platea.
El proscenio proporcional al local, con tres salidas. Una al norte por la pieza destinada a guardarropía y camarines, otra al oeste en un extremo, en la pieza que servía de depósito, y otra la puertecilla que daba al corredor de los palcos bajos. Además, para facilitar la salida de la concurrencia había una puerta de zaguán al norte, no muy higiénica que digamos, que servía para cierto uso de los hombres. A la derecha del proscenio, en el 2º orden de palcos, se hallaba el destinado al Gobierno, con su cortinaje de damasco, y a la izquierda el del Juez de Fiestas.(…)
Las lunetas duritas y corridas, no pasaban de la mitad de la sala, quedando el resto de ésta libre para los espectadores de pie, que no podían gastar dos realitos en asiento. El pavimento de ladrillo. Techo de tejuela en forma de rancho, con vigas en el centro, sirviendo como de caballete.”
La Casa de Comedias de Montevideo, así como La Ranchería y posteriormente el Coliseo de Buenos Aires, fueron el lugar de las primeras exploraciones del hecho escénico en el Río de la Plata.
En esos espacios de la sociabilidad y el entretenimiento, se representaron con aprobación popular las primeras comedias, se hizo su lugar el sainete criollo, se introdujo la loa escénica y las tonadillas españolas, se mezclaron las mojigangas con los títeres y la magia, los malabarismos con las manifestaciones de fuerza y –alternativamente– todos aquellos géneros relacionados de una u otra forma con el circo.
En 1815, Trinidad Guevara ya está vinculada a la Casa de Comedias como actriz secundaria, posee una buena voz y figura, canta y baila junto al joven actor Juan Casacuberta. Su ductilidad la hace apta para interpretar cualquier tipo de rol de dama joven, tanto en drama como en la comedia y el sainete.
El público aplaude y se le augura un prometedor futuro en el teatro.
Don Manuel Oribe
De pronto surge la notoriedad.
Con diecisiete años, Trinidad, la hija del “2º apunte y archivero Joaquín Guevara” atrae la atención de todo Montevideo. Se comenta su relación amorosa con el Capitán de Cuerpo de Artillería, don Manuel Oribe, de veintitrés años, hombre galante que usa frondoso bigote a la turca al que la joven gusta peinar con sus dedos en público.
Resulta claro que la actividad de Trinidad Guevara como mujer independiente es mirada con desconcierto y recelo por parte de la sociedad. Por otra parte los sueldos del teatro son bajos y dado que la situación del país es caótica, los estrenos no abundan.
Para colmo, la actriz abandona la modesta casa paterna y decide irse a vivir sola a una mansión: “…con muchas ventanas, muchos cuartos y ni un solo mueble, ni estufa, ni cortina, ni nada de nada” –según relata Salvador García– en la bahía de Montevideo.
Era una casa que había pertenecido a un español “emigrado”, un tal Vicente Cal, que luego de la independencia fue confiscada y entregada por el Cabildo a beneficio de orientales.
Fue una posesión privilegiada que sirvió de marco a su romance con Oribe, pero atrajo envidias y un pleito.

Retrato del primer amante de Trinidad Guevara: el Brigadier General Don Manuel Oribe. Colección Museo Rivera. Montevideo.
Existe un folio de varios legajos por desalojo del año 1815.
Se trata de una querella elevada al Cabildo por Salvador García, quien por medio de tres instancias ante la “Comición de Propiedades Extrañas” intenta quedarse con la casa, aduciendo en beneficio propio, calidades morales y buena civilidad.
Lo interesante de la serie de estos documentos es el tono, la vehemencia y el menosprecio del litigante ante la figura de la joven actriz, a quien él descalifica con los epítetos de “Farsanta”, “Cómica”, “Primera Dama del farsante teatro”y “Comedianta”, entre otros.
Es seguramente el primero de una serie de acosos que tendrá que soportar y no el último de una serie de pleitos que tendrá que perder.
He aquí el folio 3º ante el Cabildo:
“Haviendo yo echo presente a V.E por Tres distintas ocasiones guardando de unas a otras prolongados intervalos de tiempo, la urgente necesidad en que me hallo de pasar a vivir a la Caza que corre hoy por cuenta del Estado y se halla ocupándola la farsanta Trinidad; por otras tantas fue resuelto que la Comición de propiedades extrañas hiciese intimar a aquellas su ebaque; más sin embargo de tan repetidas ordenes e intimaciones yo me hallo aun sin haber logrado el fruto de mi solicitud en que por las razones aducidas en mi oficio del 14 del corriente se interesa también el mejor desempeño de las funciones de mi Empleo, que deben ceder en beneficio del Estado mismo.
Avista de una morosidad tan notable, y entre las perplejidades de cual sea su causa, me resuelvo a creer que la enunciada cómica, acaso habrá llegado, con error grueso, a persuadirse que los fueros de Primera dama del farsante teatro le autorizan para dejar ilusorias las justas determinaciones del Gobierno sobrado atrevimiento e insolente audacia, digna a la verdad de rigoroso castigo. La Comición de vienes extraños ha llenado por tres veces las ordenes del Superior Magistrado haciendo intimar a la comediante el desalojo de la caza, y esta no le executa, no obedece, ni respecta la alta investidura de tan Recto Tribunal. ¿Qué resta Señor Exmo. Sino hacerle conocer con la aplicación del correspondiente castigo su desmedido e impávido atrevimiento?
Yo espero pues que la última resolución de V.E. se extienda a mandar hacer el lanzamiento de la caza sin perdida de momentos ni la menor consideración, respecto a que así lo exige la obstinada resistencia de la mencionada Cómica que toca ya en remarcable menosprecio mío.
Dios guarde a V.E. M- Montevideo, Agosto 24 de 1815. Exmo. Señor. Salvador García.”
El Cabildo remite como respuesta dos encendidos legajos para ejecutar el desalojo de la adolescente.
Copiamos el último aquí por considerarlo una pieza inefable del discurso conservador en tiempos de Otorgués:
“Una de las bases sobre el que todo Gobierno culto e ilustrado fixa la estabilidad su progreso esplendor y estabilidad es el orden que debe mantenerse como el más sagrado deber de sus deberes, en la preferencia y distinción de todos aquellos virtuosos miembros que componen el estado, cuerpo político de su dependencia de cuyo exacto y escrupuloso cumplimiento como nos lo acreditan las historias más felices han sucedido los más felices resultados, debiendo a su influxo los grandes emprendimientos toda su grandeza y opulencia.
A esta preciosa máxima que ha adoptado este Gobierno desde los momentos de su ingreso en el, ha debido el acceso que ha prestado a la solicitud del Ciudadano notoriamente de esta clase Salvador García (Comandante del Resguardo) referente a que se le auxiliase con una de las casas pertenecientes al Estado, exponiendo a su logro que esta convenía fuese inmediata al Muelle con el objeto de llenar mejor las funciones de su encargo y de consultar la mejora de su subsistencia en razón de estar a medio sueldo.
Persuadido este Gobierno de la naturaleza de esta solicitud de el bien particular de su objeto y de la conveniencia en los fines de su mejor servicio, providenció en orden verbal a esa Comision con reiteración para que hiziese desalojar a la farsanta Trinidad la Casa del Estado que habita respecto a ser la mas oportuna para vivirla. V.S. en efecto, persuadido como miembros honorables de este mismo Govierno y animados de su mismo impulso cumplieron su orden con repetición pero esta Farsanta con escándalo remarcable, y con la misma ha burlado sus ordenes, según en 3ª reclamaciones expone el virtuosos Garcia y siendo este procedimiento en notorio agravio y vexamen de la representación de V:S: y depresivo de la alta fe de este Gobierno no prevengo a V:S: que inmediatamente proceda a hazer su desalojo persuadido de que su zelo por el mejor servicio no dara lugar a que este Gobierno no tome por si mismo la realización del indicado desalojo.
Dios Guarde a V:S: Sala Capitular y de Gobierno de Montevideo, 29 de agosto de 1815 a los señores de la Comision de Propiedades extrañas.”
Trinidad Guevara pierde el pleito y debe abandonar su hogar. Se le da una indemnización de cuarenta pesos. Han sido hallados tres documentos que permiten el seguimiento en los meses posteriores, lo que nos da la idea de que hubo dificultades para cobrarlo y que Trinidad, porfiadamente, entabló diferentes demandas para lograrlo.
Casa de Comedias, que estaba bajo la administración del Cabildo, cierra sus puertas y se procede al remate público. Se transformará en El Coliseo, el que igualmente permanecerá cerrado por falta de recursos bajo gerencia particular.
Las sillas de la Trinidad
La Lic. Eneida Sansone descubrió –según creemos– una de las piezas claves en la reconstrucción de la vida y personalidad de Trinidad Guevara en estos primeros tiempos de juventud. Consiste en un legajo-adjunto del Inventario del Coliseo luego de la liquidación de Casa de Comedias. El tema es la apropiación por haberes de deuda.
Son apenas unas breves líneas reveladoras y transparentes.
En el folio 122 encontramos:
“Montevideo, Noviembre13 de 1816
Ración o imbentario de los enseres y utiles que hallan a cargo José Corral, según consta en folios 122, solo falta las seis sillas inglesas por aberlas tomado la Trinidad por cuenta de su haver atrasado que le adeuda la Casa del Coliseo en tiempo que ha Estado por cuenta del Excelentísimo Cabildo y la docena del país por haverse mutilado.
Firma y rúbrica: Estrada.”
Aclaración pertinente:
“La Trinidad”–obsérvese el tono de familiaridad– ha tomado entonces “seis sillas” por concepto de deuda de jornales atrasados.
Pero no se trata de sillas comunes. Las sillas “a la inglesa” eran pesadas estructuras de madera tallada tipo trono. Estaban rellenas con crin de caballo o lana, forradas en terciopelo o damasco y tachonadas en bronce con apliques diversos.
A estas “sillas”se las consideraba un lujo y formaban parte de la decoración de los grandes salones. En el teatro se las utilizaba en lugar de destaque y eran usadas por gobernadores o cabildantes en época de estrenos o eventos nacionales.

Fotografía de Silla a "La inglesa" restaurada. Mobiliario usado en los salones patricios y en las representaciones de Casa de Comedias. Circa 1800. Colección del Museo Romántico de Montevideo.
En un inventario resulta curioso –y también irónico– la mención de que falten además las sillas correspondientes a “la docena del país por haverse mutilado”.
Es un inventario adjunto más bien de lo que está ausente, no de lo que existe y puede ser evaluado. El responsable anota unas ausencias que seguramente están registradas en otro documento, se salva de responsabilidades e intenta dar explicaciones.
¿Candidez o astucia? ¿Solidaridad y ocultamiento en el teatro? ¿No es acaso una ambigua declaración que desvía y al mismo tiempo protege a la actriz de posibles futuros problemas?
Podemos no ponernos de acuerdo en estas hipótesis, pero lo cierto es que en materia de inventarios, ayer y hoy, faltan una docena y media de sillas, ya sean éstas “del País” o “Inglesas”.
Sin duda, la manipulación de estos muebles generó inconvenientes .
¿Se trató de una mudanza a plena luz del día? De acuerdo a las ordenanzas de la época debería haber sido así y dada la ubicación del Coliseo –pleno centro urbano de la ciudad– no podía pasar desapercibida y generaría comentarios.
Subrayamos que Trinidad Guevara estaba embarazada de 6 meses a los 18 años y ha sido desalojada de su hogar en un pleito público deshonroso. No estaba casada y no tenía trabajo y muy pronto abandonaría el país junto con su amante. Por otro lado necesitaba urgentemente dinero, cosa que le sería difícil conseguir, ya que además era “cómica”, “farsanta con escándalo remarcable que ha burlado las ordenes de la ley” y “merece el menosprecio público”.
Según creemos se trata del más antiguo documento americano donde aparece la mujer reivindicando sus derechos civiles. Estamos hablando del más clásico de los derechos laborales, el de cobrar por el trabajo que se nos adeuda. Trinidad Guevara lo hace más allá de las posibles discrepancias en tribunales. No necesitará de intermediarios, excusas o dilaciones, lo ejecutará “In Res Manu”.
Sin duda, el símbolo de las reivindicaciones de las feministas orientales –y no sólo orientales– debería ser una silla.
La soltera Trinidad
El 21 de febrero de 1816, fruto de los amores con Oribe, Trinidad Guevara da a luz una niña, según lo consigna una partida asentada en uno de los libros de la Iglesia Matriz descubierta por Silva Valdés.
Su nombre: Carolina Martina.
En esa anotación, la niña aparece como “hija legítima” dato inexacto, ya que no había vínculo matrimonial entre los padres que aparecen como “naturales de esta ciudad”, otro dato inexacto.
Fue padrino de la ceremonia: Gabriel Antonio Pereira, futuro presidente de la República, lo que da un contexto singular al acontecimiento y nos habla de la proximidad con vínculos de la intelectualidad política que ya tenía la pareja.
Una madre soltera avanzando por el atrio de la Catedral para bautizar a su hijo y rodeada de un grupo de hombres y mujeres de cultura era algo insólito para la época.
El exilio
El 20 de enero de 1817 se produce la entrada a Montevideo de las tropas portuguesas al mando de Lecor. Bajo palio desfilan y pasan por el portón de San Pedro recibiendo las llaves de la ciudad de manos de los cabildantes.
Un observador norteamericano, E.M. Brackenridge, quien viajó en 1817 a Montevideo en la fragata “Congress” nos relata cómo lo vio en ese entonces:
“Por todas partes se presentaban trazos de la rapidísima decadencia de esta ciudad últimamente populosa y floreciente. Las casas, en su mayor parte desmoronándose o desocupadas, callejas enteras deshabitadas, excepto los cuarteles. En las calles más frecuentadas eran pocos los que se veían que no fueran soldados, o acaso una mujer vestida de negro, escabulléndose hacia alguna capilla para rezar el rosario. Parecía que allí se hacían pocos o ningún negocio en ninguna parte, ni aún en las pulperías o tiendas. La ciudad realmente parecía que hubiere recibido la visita de una plaga.”(…)
“La ocupación de esta ciudad por el general Lecor, con la división principal de cinco mil hombres, que desde entonces ha sido reforzada, puede considerarse como el golpe final. En ocho años la población se ha reducido por lo menos en dos tercios, muchos de los principales habitantes se han ido, la propiedad –hasta un monto inmenso– en los encantadores suburbios que contenían mayor población que la ciudad, ha sido destruida, y el valor del remanente , reducido a una simple bagatela. En realidad no hay más que una guarnición con algunos pocos habitantes hambrientos que son vejados y hostilizados por los militares. Me han dicho que no obstante esta miseria, hay aquí un teatro, y que las tardes se pasan en bailes y danzas, quizás por falta de otras preocupaciones; actos exteriores que no siempre son indicios de corazón.”
El 7 de octubre de 1817, Trinidad Guevara y Manuel Oribe se embarcan en la nave “Astrea” rumbo a Buenos Aires, según consta en la partida respectiva ( Registro de Pasajeros de Aduanas del Archivo Nacional de Montevideo). La niña quedó al cuidado de sus abuelos maternos.
El romance aparentemente quedó trunco al poco tiempo.
Trinidad Guevara a los 19 años permanecerá sola en esa ciudad tratando de instalarse en el teatro; Oribe retornará a la Banda Oriental donde concretará su primer sitio a la ciudad de Montevideo y colaborará en el fin de la dominación luso-brasileña.
La ciudad de Buenos Aires alrededor de 1820
Un visitante inglés –Mister Jones– que la visita en viaje de negocios por esa época nos relata sus impresiones recogidas por Beaumont:
“Al amanecer sólo pueden advertirse en las calles algunas ratas en busca de comida, porque los nativos no son muy madrugadores. Un poco más tarde, las calles comienzan a poblarse de vendedores ambulantes. Las primeras en aparecer son las carretas de los pescadores que regresan de la playa cargadas de pescado fresco que llevan al mercado. Luego aparecen los aguateros.
¡No me van a creer lo que digo!, pero en Buenos Aires el agua se vende,y bien cara por cierto, porque el agua de los pozos es salobre y no se puede consumir. Los que pueden disponer de algún dinero, realizan en sus patios profundas excavaciones para construir los aljibes, donde por medio de cañerías colectan el agua de lluvia. Pero los más pobres se ven obligados a comprársela a los aguateros. A pesar que cargan las cisternas en las orillas del río, el agua no es cristalina y necesita estar en reposo por veinticuatro horas para poder ser bebida. Para purificar más rápido el agua yo ponía un pedazo de carbón en las tinajas.
Era increíble, los vendedores continuaban desfilando por las calles montados en sus caballos ofreciendo sus productos, frutas, panes, aves. Los lecheros, generalmente niños o jóvenes hijos de los chacareros de los alrededores traían colgando a cada lado del animal, tarros cargados de leche. También recorrían las calles los trabajadores que se dirigían a sus talleres y las lavanderas negras o mulatas que iban hacia la playa llevando la ropa, el jabón y la tabla para refregar en enormes fuentones sobre sus cabezas y en una de sus manos la pava para calentar el agua para el mate, porque tanto ellas como los otros trabajadores del país, nada hacen sin sorber su bebida favorita.
El mercado, ubicado en la Recoleta, sorprende a cualquier extranjero.
Ocupa un espacio cuadrangular con pequeños locales alineados uno al lado del otro, en donde se establecían los vendedores de frutas, carnes y verduras. Allí, se podía encontrar pescado de buena calidad y a bajos precios, legumbres, batatas, calabazas, perdices y todo tipo de frutas, melones, duraznos, uvas, higos. La carne vacuna era traída desde los mataderos, que se encuentran en las cercanías de la ciudad, diariamente por los carniceros para ser vendida en trozos. Aunque la producción local no podía competir con los productos europeos, porque la gente de Buenos Aires compraba casi todo a Inglaterra, algunas manufacturas tuvieron cierto desarrollo, como la fabricación de fideos, carrozas, peines, baúles, colchones y catres, de velas, de jabón. También se habían desarrollado los saladeros, pero requieren la inversión de grandes capitales, los extranjeros se han dedicado a esta actividad tan ventajosa y mantienen un vivo comercio con Brasil, Cuba y las islas de Cabo Verde donde sirven de alimento para los esclavos.
Por las calles, también se confundían en el aire distintos idiomas, son los apurados hombres de negocio, de todas las nacionalidades a los que los lugareños llamaban “gringos” o “carcamanes”.
Pasado el mediodía, al dar el reloj las dos, se retiraban los vendedores y carreteros, cerraban todos los negocios. Las calles quedaban desiertas, todos volvían a sus casas… era la hora de la siesta. Por la tarde, los negocios, comercios y toda la actividad se desarrollaba desde las cinco hasta el atardecer. A medida que se iban encendiendo los faroles, las señoras comenzaban a salir de sus casas para recorrer las tiendas.
Abuelas, hijas, nietas, tías, iban todas acompañadas de sus criadas. Entraban en una tienda, hacían desplegar, telas, peinetas, abanicos y luego se retiraban sin haber comprado nada para repetir la operación en otra tienda.
Continuaban su paseo, se detenían a conversar con otras familias y muchas veces, se dirigían a pequeñas tertulias de animada conversación, donde eran cortejadas por muchos galanes.
A veces, alguna señora se sentaba frente al piano para ejecutar alguna pieza y cantar. También a veces, se bailaban minuetos y contradanzas españolas. Alrededor de las diez de la noche regresaban a sus casas y las calles volvían a estar quietas y solitarias. A esa hora, los caballeros continuaban en los cafés, donde se reunían para jugar a las cartas o al billar. Apostaban enormes sumas de dinero y permanecían allí durante muchas horas. Lo que contribuye a la falta –muy lamentable– de hábitos hogareños entre la población masculina.”
Luis Ascot interpreta Huella de Julian Aguirre.

Luis Ascot interpreta Triste 5 de los Aires Nacionales Argentinos de Julián Aguirre.

El mismo viajero nos habla de lo que ve en el teatro (Coliseo Provisional) de una manera no muy entusiasta por cierto:
“ Los entretenimientos y diversiones en Buenos Aires son muy escasos. El teatro suele ser la principal diversión tanto para nativos como para extranjeros. Está situado en un punto céntrico, a tres cuadras de la plaza. Es un edificio sencillo y su interior es naturalmente muy distinto al de los teatros londinenses, porque tiene aspecto muy humilde y sucio. (…) El decorado y los trajes son bastante malos (…) El teatro es uno de los lugares donde se podía disfrutar viendo los hermosos ojos negros de las porteñas bajo las mantillas que cubrían la cabeza y parte de su rostro. Hacían hablar a sus abanicos a través de movimientos hechiceros, logrando acercar o distanciar a los galanes.”
En este teatro“humilde”y “sucio” con el decorado y los trajes “bastante malos” fue donde se mezclaron los sainetes nacionales con las tragedias francesas mal traducidas; los actos de magia y los minués con el informe de una ciudad sitiada; los entremeses circunstanciales con tonadillas cantadas y títeres con coros de óperas improvisadas.
De aquí, surge de pronto la proclama del nuevo ideario republicano y democrático.

Grabado alemán de la ciudad de Buenos Aires. Circa 1820. Editado en secuencias seriadas por Shutter & Lermann. Colección Carlos Artagaveytia. Montevideo.
La Trinidad en el teatro de Buenos Aires
Trinidad Guevara en muy poco tiempo es reconocida en la escena bonaerense. Ella va a formar parte de una generación que junto a artistas como el director, actor y autor teatral, Ambrosio Morante y el más famoso actor del siglo XIX, Juan Casacuberta, intentarán crear un nuevo tipo de teatro con una identidad y una filosofía nacional.
Un importante memorialista argentino, José A. Wilde, en su obra: “El teatro en la época de Rosas”, describe a Trinidad Guevara en el papel de “Dido” en 1820, obra de Juan Cruz Varela:
“… se trata de una mujer interesante, sin ser decididamente bella; de muy esbelta figura, finos modales y dulcísimo voz; pisa con gallardía las tablas y tiene lo que se llama posesión del teatro; había llegado a ser, y con razón, la favorita del público”(…) “Sobre la primera actriz criolla aparecida en los escenarios porteños se formó en torno a su personalidad un marco legendario que toca los límites de lo inverosímil. Tenía noción cabal de las sutilezas propias de la paradoja del comediante, poseía la medida del oficio, señalando una avanzada renovación frente a la vieja escuela española.”
Basado en las referencias del conde de Schac, el hitoriador Mariano H. Castagnino, nos traza una semblanza:
“Trinidad es una avanzada, frente a estas expresiones tardías del viejo teatro dramático español, en el cual se habían formado todos los cómicos de entonces. Su naturalidad sentó cátedra.”
En la “Historia del Teatro Argentino” de Mariano G.Bosch se llega a conclusiones aún más entusiastas:
“Tenía el más espléndido metal de voz que podía poseer criatura humana, que asombró a su época.
El público la adoraba como los negros adoran a la luna.”
Índice
El dolor de ser diferente (prólogo por Marianella Morena )
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 1)
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 2)
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 3)

















