Un museo para Figari

Por Prof. Alejandro Giménez Rodríguez

“Figari, que había sido desde principios de siglo destacado abogado penalista, filósofo y activista político, pinta entre Buenos Aires (1921-1925) y París (1925-1934) un interminable friso de cartones en los que evoca escenas urbanas del Montevideo colonial y republicano, así como escenas campestres de la región platense en el siglo XIX. En ellos se amalgama el hombre blanco con el negro, el patricio y el esclavo, el indio con el gaucho, en una suerte de fantasmagoría histórica para la que Figari parece convocar con humor sus propios sueños, recuerdos y sensaciones de la infancia”.

Gabriel Peluffo LInari en “Pintura del Uruguay”
(Editado por Banco Montevideo)

Museo Figari (en formación)

Si uno de los objetivos de los museos es homenajear y dar a conocer la vida, obra y época de artistas, políticos, militares e intelectuales, el Uruguay está empezando a saldar una deuda con un hijo pródigo y emblemático: Pedro Figari.

En una “jornada de celebración y justicia”, al decir del Director Nacional de Cultura, Dr. Hugo Achugar., el pasado 24 de noviembre el Banco Central del Uruguay entregó en comodato al Ministerio de Educación y Cultura un inmueble que constituía el Espacio Figari, y que era sólo utilizado para la entrega anual de los premios del mismo nombre, a los efectos de instalar lo que en un principio se llamará “Museo Figari en formación”.

Acción y utopía

A partir del 22 de febrero podrá verse la exposición de apertura, que se titulará “Figari: Acción y utopía”, en el edificio proyectado y construido por el Arq. José Raffo, y que está ubicado en plena Ciudad Vieja de Montevideo, más concretamente en Juan Carlos Gómez 1427.

31 cuadros (30 óleos y un dibujo) pertenecientes al Museo Histórico Nacional, Banco Central del Uruguay y colecciones particulares; diez fotografías históricas, un afiche, primeras ediciones de sus obras- algunas autografiadas-, catálogos de exposiciones; libros que sobre Figari han escrito diversos autores, y objetos de la Escuela de Artes y Oficios, componen el acervo de esta muestra fundacional.

Acerca del proyecto, el Coordinador del “Museo Figari en formación”, Lic. Pablo Thiago Rocca, afirma que la idea es “dar un pantallazo que abarque casi toda la faceta creativa de Figari”, procurando “una mayor visibilidad de sus obras”, fomentando al mismo tiempo el conocimiento del artista a través del sistema educativo y la investigación de su producción a todos los niveles de enseñanza. También impulsar la preservación de su obra y propender a la difusión a través de la circulación de la misma.

Si bien el museo tiene como punto central la obra pictórica figariana (iniciada a los sesenta años), no puede olvidarse su honda reflexión sobre estética y filosofía en trabajos como “Arte, Estética , Ideal”, de 1912.; y el renovador e inconcluso plan de reforma de la enseñanza industrial desde la dirección de la Escuela de Artes y Oficios, entre 1915 y 1917, aspectos que también tendrán su lugar en esta exposición inicial.

El mismo Rocca, en un trabajo sobre la experiencia del pintor en las llamadas “artes industriales” (“Innovar desde la tradición: el caso Figari”, CSIC, UdelaR, 2006), afirma: “El arte es para Figari un proceso mayor en el que se inscribe la evolución de la vida (…) “es un medio universal de acción” y resulta aplicable a las diversas funciones humanas”.

Quizás esta reflexión sea la razón más poderosa para no dejar de visitar y apoyar un museo que apunta al artista y al hombre.


Sobre Pedro Figari*

No es posible disociar los contenidos ni el estilo pictórico de Pedro Figari (Montevideo 1861-1938) de las demás facetas que nutren su accionar político y su pensamiento creativo. Nunca se insistirá demasiado en el carácter integral de sus vocaciones, carácter que da forma también, con una extraordinaria coherencia, a su vasta producción intelectual relacionada al arte, ya se desarrolle ésta en la rama literaria, en la pictórica o en el campo de la reflexión estética y la formación artístico-industrial.

La pintura no es más que un capítulo, brillante sin duda, en el copioso libro de su vida, cuyas páginas están escritas con éxitos profesionales, pero también con fracasos públicos y desconciertos ante la indiferencia de sus pares.

Varias décadas antes de que el pintor destaque con su encendida paleta, el joven abogado deberá resolver “el crimen de la calle Chaná” (1895-1899) y al hacerlo se colocará del lado del inculpado y en contra del sentir público general, desanudando una complicada trama de falsos testimonios y de engaños políticos.

Por otra parte, la actuación de Figari como diputado, fundador del periódico “El deber” y su esmerada pluma como articulista, serán determinantes para la aprobación de la ley abolicionista de la pena de muerte de 1907.

El extenso tratado filosófico Arte, Estética e Ideal de 1912 y los varios proyectos educativos que busca llevar a cabo, en especial al frente de la Escuela de Artes y Oficios (1915-1917) lo colocan a la vanguardia de los emprendimientos pedagógicos y de las reflexiones estéticas del continente.

Su relativo fracaso –tras la desaprobación del plan de reformas en dicha institución– lo empujará a la dedicación casi exclusiva de la pintura.

A partir de los 60 años de edad, en pleno exilio voluntario primero en Buenos Aires y luego en París, desarrollará una pintura que resume su concepción de vida. En poco más de quince años habrá ejecutado cerca de 4000 cartones y dibujos, en los cuales el gaucho, el esclavo africano y sus descendientes son figuras clave de una nueva expresión que revaloriza la historia local y americana en el proceso “civilizatorio” de la modernidad.

En todas sus expresiones y actos subyace un hondo sentido humanista, que será la marca también de su prosa ficcional (varios cuentos y la utopía novelada Historia Kiria de 1930) y de su obra poética (El Arquitecto de 1928).

* Texto publicado en el tríptico promocional del Museo Figari en formación.


Mas información

Teléfonos: (5982) 9157065, 9157256 y 9167031

Ubicación: Juan Carlos Gómez 1427. Ciudad Vieja, Montevideo.

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No es posible disociar los contenidos ni el estilo pictórico de Pedro Figari (Montevideo 1861-1938) de las demás facetas que nutren su accionar político y su pensamiento creativo. Nunca se insistirá demasiado en el carácter integral de sus vocaciones, carácter que da forma también, con una extraordinaria coherencia, a su vasta producción intelectual relacionada al arte, ya se desarrolle ésta en la rama literaria, en la pictórica o en el campo de la reflexión estética y la formación artístico-industrial.
La pintura no es más que un capítulo, brillante sin duda, en el copioso libro de su vida, cuyas páginas están escritas con éxitos profesionales, pero también con fracasos públicos y desconciertos ante la indiferencia de sus pares.
Varias décadas antes de que el pintor destaque con su encendida paleta, el joven abogado deberá resolver “el crimen de la calle Chaná” (1895-1899) y al hacerlo se colocará del lado del inculpado y en contra del sentir público general, desanudando una complicada trama de falsos testimonios y de engaños políticos.
Por otra parte, la actuación de Figari como diputado, fundador del periódico “El deber” y su esmerada pluma como articulista, serán determinantes para la aprobación de la ley abolicionista de la pena de muerte de 1907.
El extenso tratado filosófico Arte, Estética e Ideal de 1912 y los varios proyectos educativos que busca llevar a cabo, en especial al frente de la Escuela de Artes y Oficios (1915-1917)  lo colocan a la vanguardia de los emprendimientos pedagógicos y de las reflexiones estéticas del continente.
Su relativo fracaso –tras la desaprobación del plan de reformas en dicha institución– lo empujará a la dedicación casi exclusiva de la pintura.
A partir de los 60 años de edad, en pleno exilio voluntario primero en Buenos Aires y luego en París, desarrollará una pintura que resume su concepción de vida. En poco más de quince años habrá ejecutado cerca de 4000 cartones y dibujos, en los cuales el gaucho, el esclavo africano y sus descendientes son figuras clave de una nueva expresión que revaloriza la historia local y americana en el proceso “civilizatorio” de la modernidad.
En todas sus expresiones y actos subyace un hondo sentido humanista, que será la marca también de su prosa ficcional (varios cuentos y la utopía novelada Historia  Kiria de 1930) y de su obra poética (El Arquitecto de 1928).