El 4 de septiembre de 2009, en el marco de la Feria del Libro, participé en la presentación de las novelas Perséfone, de Ramiro Sanchiz (Montevideo, 1980) y Parir, de Andrés Ressia (1978), publicadas por Estuario Editora . Lo que sigue es la conversación que mantuve con estos dos autores que representan tendencias distintas de la narrativa joven uruguaya.
- Empecemos hablando de las diferencias notorias entre estas novelas. Perséfone es una historia contada en primera persona, tiene una supuesta protagonista que le da ese título “griego” al libro, pero a medida que vamos leyendo nos damos cuenta de que el narrador es también muy importante, y también está como fondo la trayectoria de varias bandas de rock ficticias; describe un mundo que, aunque tiene que ver con algunas cosas que podemos ver afuera, es profundamente personal. En cambio, en el caso de Parir, el asunto social está muy marcado: la novela se desarrolla principalmente en el Barrio Sur y podríamos decir que describe un ambiente “semidelincuencial”, por decirlo de alguna manera (hay un secuestro, hay tráfico de drogas, hay accidentes). Groseramente, se podría decir que la novela de Ramiro está basada en la imaginación y la de Andrés, aunque no es un reportaje, tiende más a preocupaciones más cercanas a las de asistentes sociales o políticos.
Andrés Ressia: Sí, yo escribo más inspirado en la observación que en la historia de la literatura o la mitología. Veo que muchas veces se escribe desde ese lugar, similar a como se trabaja en el plano científico o a cómo se construye una casa, ladrillo a ladrillo. Yo no lo hago así, seguramente por desconocimiento (lo que tal vez sea causa de algunos errores o defectos de lo que escribo), pero como lector siempre me impresionó mucho la literatura que tiene un link con lo cotidiano o lo reconocible, así que cuando me dediqué a la fantasía de escribir pensé en lo que me gustaría leer, que va por ahí. Para darte una idea, Pedro Juan Gutiérrez, el cubano, Bukowski, aunque nunca tomé tanto de él. Esa literatura siempre me atrajo y como escritor me parecía que tenía que ir por ahí. No tanto ponerme a hacer una crítica social o tratar de desentramar un problema colectivo, pero sí es verdad que en esta etapa me interesó esa situación adolescente. Se tiende a ver al adolescente como el que realiza acciones condenables y dada mi relativa cercanía a la adolescencia -en los parámetros uruguayos hará poco más de diez años que terminó mi adolescencia-, quería tratar de ver al adolescente como un jugador en un contexto difícil que a veces lo obliga a tomar decisiones que por inexperiencia terminan siendo necesariamente delictivias, como vos decías, pero no se trata exactamente de la delicuencia, sino sobre cómo las personas se ven enredadas en eso partiendo de simple cercanía geográfica o circunstancial con situaciones complicadas, que, lamento decirlo, sí están inspiradas en la realidad.
Ramiro Sanchiz: A primera vista son cosas muy diferentes las que escribimos Andrés y yo. A mí Parir me gustó mucho pero por la página 4 me quedó claro que yo no podría escribir una novela así. En parte lo mío surge de haberme impregnado desde chico con ciencia ficción y fantasía. Surgen cosas como Philip K Dick, esa cosa solipsista, esos personajes cuyo mundo parece ser una triste proyección de ellos. A partir de eso, pretender que pueda haber algún contacto social como uno puede derivar de las novelas de Andrés es muy complicado, si bien por otro lado en mi trabajo hay una fuente de inspiración en hechos que pasaron, no digo unas ganas de retratar una movida o una época, pero sí desde algún punto de vista posible, transfigurar un poco lo que en mi experiencia entre 2002 y 2006, cuando participé de esa movida rockera. Ese sería un punto de contacto, quizá lo resolvamos cada uno a nuestra manera, pero creo que también hay puntos de acercamiento a los que se puede volver, no creo que partamos de puntos opuestos. Por ejemplo, Parir tiene una estructura circular, que es parte de la tradición de la literatura fantástica. Eso tiene muchos puntos en común con Perséfone y con otras novelas éditas e inéditas, como Lineal, donde participa el mismo narrador que rememora desde un futuro cercano lo que está pasando ahora. Quizá ahí, de rebote, encontremos un punto de contacto más allá de las diferencias de la partida.
- Sí, lo de las diferencias era un estímulo para empezar a charlar. Pero se podrían anotar varias semejanzas. Por ejemplo, decía que se trata de la segunda novela édita de cada uno de ustedes y podría agregar que el trabajo de los mantiene una coherencia temática fuerte. En el caso de Ramiro es bastante obvio porque hay personajes en común, un mismo narrador, y en el caso de Andrés, tambien está la atención hacia sectores de la sociedad montevideana actual que no aparecen demasiado representados en la literatura local. Voy a que en el caso de ambos hay un proyecto, hay intereses que no son circunstanciales sino bastante cultivados y personales, y que lo hacen pensar a uno que van a seguir transitando esos caminos. ¿Es así?
Andrés Ressia: Bueno, a mí me pasa que no me atrevo a escribir sobre algo que no sé. Por ejemplo, no me imagino escribiendo sobre una persona de la tercera edad, porque a la hora de escribir con el compromiso con el que uno quiere hacer las cosas es importante la cuestión de ver las cosas desde adentro, sentir, para después trasmitir las cosas de verdad y que no quede como un aparato desmontado o caricaturesco. Puedo escribir sobre lo que tengo a la vez distancia y experiencia. Encontré como un nicho sobre el que escribir, porque uno también va a las librerías y encuentra alrededor de veinte libros nacionales por mes, es algo que supera la capacidad de lectura del ambiente, o tal vez haya pocas personas que leen muchísimo, pero frente a ese ambiente me planteé para qué escribir. ¿Para agregar algo que ya está dicho, usar más papel y generar el libro número 21 del mes? Me pareció que ahí había un hueco digno de explorar, en el sentido de escribir para aportar a un lenguaje crítico, a un pensamiento, a una cultura de pueblo como es esta (estoy convencido de que Montevideo es mucho menos de lo que creemos). Me parecía que si escribía tenían que ser algo que diera para un ping-pong por lo menos, para generar algo, y no algo endogámico para para los pasillos de una facultad, para un mundillo.
- Roberto Echaverren te dedicó un apartado de su última novela, Yo era un brasa. Le puso “Palcante”, el título de tu primera novela.
Andrés Ressia: Hay una referencia, sí, no lo hablé con él, pero hay una acepción de “palcante” que tiene que ver con el canto, el cante hondo, y que viene de España. Volviendo a la pregunta, sí, tengo una idea de seguir por ahí, me plantea conflictos de raíz personal que pueden llegar a tener un interés. Pero nunca se sabe dónde puede terminar uno.
Ramiro Sanchiz: Iba a decir exactmente lo mismo. En mi caso, no sé si hay un proyecto o una tendencia, pero son unos cuantos personajes, situaciones e historia que no sé si “planeo” es la palabra, pero que continúo y continuaría, que son sobre lo que estoy escribiendo ahora mismo. Ahora, por qué y si es tan programático o no, son ideas que fueron surgiendo con los años y que de algún modo con Lineal y Perséfone tuvieron una cristalización y lo lógico para mí sería seguirlas. Pero también puede pasar otra cosa, al margen escribo cuentos, ideas distintas. Es decir, sobre si hay una intención de seguir un proyecto narrativo, diría que sí.
- Siempre hablás de una trilogía que integran 01.Lineal y Perséfone. ¿Cuál sería la tercera pata que no conocemos?
Ramiro Sanchiz: Es complicado. En su momento había una trilogía que de la que Lineal sería la primera parte, Espuma, que estaba escrita, iba a ser la segunda, y la tercera se llamaba Regreso, que tenía una apertura a lo fantástico. Era un proyecto de trilogía que está escrito, pero como no me convenció la manera en que fue hecha Espuma, y mucho menos Regreso, les hice algunos cambios. En este momento estoy dándole unas puntada a una versión muy condensada, casi como un cuento, de Espuma. Así que la trilogía original casi ya no existe, incluso Perséfone ya no tenía nada que ver aparte de lo de los personajes; comenzó como un cuento largo y tenía que ver con un proyecto que teníamos con Matías Bergara, que era un libro de relatos donde cada cuento tenía una especie de portadilla, una ilustración, y Perséfone cerraba este presunto libro que se iba a llamar Malos Recuerdos. Por muchas razones, eso terminó siendo desgajado y se convirtió en Perséfone, que se un libro con un cómic. Pero como tiene tantos puntos en contacto con Lineal y como habría un terce elemento no escrito, sería más bien una trilogía involuntaria, para parafrasear a Levrero. Ahora, se podrían añadir novelas a esta serie, con los mismos personajes. Es como una novela extensa a la que uno le va quitando pedacitos, como a una torta, pero la torta está ahí.
- Andrés decía algo que me hizo pensar de nuevo en las diferencias entre ustedes. Hacías referencia a la manera de relacionarse con el ambiente literario local y me dio la impresión de que estabas orgulloso de no pertenecer a él.
Andrés Ressia: Bueno, no tanto, pero es un hecho. Lo digo porque me cubro de errores involuntarios, para atajarme. Hay muchas cosas de las que no tengo idea, no sé si estoy copiando algo, no tengo mucho leído.
- Voy a que son dos actitudes diferentes. Me imagino, por ejemplo, que vivís de otra cosa.
Andrés Ressia: Soy biólogo y trabajo en un laboratorio de medicamentos, antes trabajé en la Universidad, en la Facultda de Medicina y la Facultad de Ciencias.
-Y en cambio Ramiro participa desde hace años en concursos liteararios, trata de publicar cuentos desde hace tiempo, más o menos trabaja en asuntos relacionados, escribe críticas, participa en mesas redondas, organiza eventos. Aunque son de la misma generación, son distintas formas de intervenir en el campo literario. Teniendo en cuenta eso, sería interesante saber como ven ustedes a los escritores uruguayos de su edad.
Ramiro Sanchiz: En realidad, yo por mucho tiempo tuve la actitud de rehuirle a ese “brillo semioficial” de la literatura, en parte por haber comenzado con una cosa totalmente under como quiso ser el movimiento de ciencia ficción uruguaya. Ese movimiento tenía como una de sus ideas “nosotros no tenemos nada que ver con la cultura”. Yo era muy chico, tendría 16 años, pero heredé muchos odios, lamentablemente, porque me perdí de muchas cosas durante mucho tiempo. Así que es un poco tardía esa voluntad de vincularme más. Hace pocos años que me intereso por leer a gente de mi generación, por ejemplo. Algunas cosas me han gustado mucho, como la novela Oso de trapo, de Horacio Cavallo, o Porrovideo, de Jorge Alfonso, también Fernanda Trías, toda esa generación, por decirlo así. Creo que todo surgió, de alguna manera, con el libro El descontento y la promesa , de alguna manera. Esa antología tiene cuentos de muchos de nosotros y a partir de eso conocí a bastante gente que la tenía vista desde hace tiempo, de Facultad, de concursos como el de la B’nai B’rith, ese tipo de cosas. Empecé a leerlos y me interesó, hice una especie de investigación, y ahí empecé a ver algunos puntos de contacto. Andrés fue uno de los que leí más tardiamente: Parir la leí hará dos semanas y Palcante la estoy leyendo ahora. Quizás era de esas líneas que no invocaba cuando hablaba de literatura de gente de mi edad; digamos que los temas o los grupos con los que más o menos me movía no tanteo que ver con lo que Andrés escribe, y me parece que estuvo bueno leer estas novelas como una manera de incorporar algo distinto. Aunque también es verdad que somos muchos, el panorama es bastante inagotable y surge un autor nuevo por mes. Pero quizás sí, en este punto de mi vida, me estoy interesando más por ver qué pasa, también a veces motivado por escribir en La Diaria o en el blog, pero finalmente lo que hay es una curiosidad.
Andrés Ressia: Yo no creo que pueda emitir un juicio sobre la movida local, pero sí como lector trasmitir cierta experiencia. Como pasa en muchas áreas, el desarrollo hace que las técnicas se vuelvan inaccesibles para los no iniciados. Digamos, es muy fácil entender lo básico que decía Darwin, ahora lo que hace un biólogo molecular si no tenés un cursito hecho es muy difícil de comprender. Lo mismo pasa en informático, etcétera. La sociedad se va disgregando, las artes se ponen muy finas, los círculos se cierras. Está bueno también mirar un poco para afuera. A mí todo lo que pasó con Dani Umpi, por ejemplo, me pareció que fue un buen ejemplo para la movida local. Cuando irrumpió en escena mucha gente fue dura con él, yo también tenía mis prejuicios, pero en Buenos Aires pudo desarrollarse más y volvió revalorizado. No estoy renegando de los mundillos, pero también está bueno destapar la olla, meter un poco de aire y mezclar un poco y no enloquecerse tanto con algunas cosas. Desde ese punto vista, quizás, es que me enorgullezco, como vos decís, de no pertenecer. Yo no tengo formación en algunas finezas ni en sintaxis, he tenido mucha ayuda, de Martín Fernández, por ejemplo, y ahora sí me intereso por esas cosas, incluso me he acercado a la carrera de corrección en la Facultad de Humanidades. Pero esa cosa fina que no tengo también se puede abrir. Creo que el sello Estuario es algo bueno en cuanto rompe con la mercantilización de la literatura que no ayuda al desarrollo de contenidos. Creo que es un ciclo natural: pasó el boom, pasó la posdictadura, pasó el momento de algunos eméritos y ahora aparecen otras voces.
- Ya que lo decís, ¿a cuáles uruguayos de los 50, 60 y 70 leen?
Ramiro Sanchiz: No mucho. Antes de los 80 hay como un gran vacío. Mis lecturas fuertes empiezan en los 80, 90. Nombraría a Felipe Polleri y Levrero, y luego tengo un fondo de literatura de ciencia ficción: Bayeto, Federici, a Dobrinin, que tampoco son mucho. Pensándolo un poco, creo que hay un antes y después de Levrero. Es una figura que con el tiempo se está convirtiendo en lo que fue un Onetti, como centro de la literatura uruguaya. Quizás me gustaría que así fuese, que en unos años se pueda apuntar que Levrero toma ese rol de imantación, que atraiga a gente que escribe cosas muy distintas, que está en lugares muy diferentes como Pablo Casacuberta o Gabriel Schutz, por nombrar algunos, miran hacia un lado que es el de Levrero. Es una idea personal, un deseo, porque me gusta mucho Levrero. Polleri tiene alguna deuda reconocida con él, también. Nuestra generación, más allá de la gente que pasó por el taller y toda esa cosa “levreriana”, todos tenemos, más o menos voluntariamento o conscientemente, alguna influencia levreriana. Tal vez me parezca eso por haber leído justo este sector de la literatura de mi generación que está muy impregnado de Levrero, pero desde esta perspectiva al menos yo podría decir que a partir de él hay una literatura nacional que me interesa mucho y creo que antes de Levrero hay grandes figuras que ya no son funcionales, como la generación del 45 o los del 60.
Andrés Ressia: No tengo tanto leído. En mi adolsescencia leí a Onetti y después he vuelto a él y para mí funciona como una imagen de referencia, sobre todo por la densidad de climas y la profundidad de personajes que logra. Creo que en el futuro va a ser releído sin marmorizarse, como está pasando ahora. No vi Mal día para pescar, pero El dirigible podría hacer pensar a alguno en una parodia. Después, si bien he leído algún cuento de Levrero en un momento en que era muy guacho, todavía no me doy cuenta en si está su influencia. Me parece que lo de Lalo Barrubia marca un mojón, también. Obviamente, aunque parezca raro, pasé casi cuatro años de mi vida sin agarrar un libro, alrededor de los 20 años, y además mis amigos no leen.
- Volvamos a las semejanzas entre lo que escriben. Palcante tiene un aire de ciencia ficción, ya que está contado desde el año 2049, y desde allí se pretende reconstruir un fenómeno social que se dice ocurría en nuestra época, el de los cantegriles montevideanos. Se encuntran unos manuscritos y surge la teoría de que los cantegriles eran un reservorio de cierto tipo de cultura, de códigos, se los presenta como una manera de ver el mundo que se perdió porque se redistribuyó a la gente que vivía allí en torno a grandes fábricas, en una especie de paralelismo con lo que ocurrió con los conventillos. En ese futuro ficticio, entoces, un estudiante de sociología estudia unos documentos e intenta reconstruir la historia de quienes se resistieron a esa disolución de los cantegriles. Esa preocupacion sociológica, entonces, está matizada por muchísima ficción, lo que haría escapar al libro del casillero de “pura representación social”. En Parir, por otra parte, hay un juego con la circularidad. Es una novela escrita con episodios bastante cortos, que van conectando entre sí de diversas maneras,a veces lúdica, y aunque básicamente se describe al mundo del Barrio Sur, hay una vuelta fantástica. No es tampoco en este caso puro registro, pura voluntad de dar cuenta de algo que está pasando en la Montevideo actual. Eso en cuanto a lo que escribe Andrés y en contra de la idea de que es sólo representación sociológica. Pero también podría decirse algo equivalente, aunque en sentido contrario, de lo que escribe Ramiro, porque su insistencia por dar cuenta de lo que ocurre en determinada escena, aunque tal vez no sea tan visible como la que describe Andrés, la de cierto tipo de rock, el “rock teatral”, que existió y existe en esta ciudad , también podría ser útil para un historiador o un sociólogo (del tipo de los que se imagina Andrés en Parir) que quisiera ver qué pasaba en la primera década del siglo XXI en Montevideo con la escena juvenil. El mundo de las novelas de Ramiro también tiene un correlato con algunas cosas interesantes que están pasando en Montevideo, más allá de que su atención no esté centrada en asuntos sociológicos. Es decir, para contradecirme un poco a mí mismo, se trata de proyectos literarios distintos, pero no de dos universos literarios separados y contendos en sí mismos, sino que se contaminan, tal vez porque los dos están hablando de lo que pasa en Montevideo por estos años.
Andrés Ressia: Como decís, en mi caso hay una búsqueda lúdica. Hay siempre un ente ficcional que no es sólo una descripción de lo cotidano, si bien está tomado de ahí. Creo que hay un juego con todo lo artístico del rever el mundo, de interpretarlo, creo que la producción del arte es el producto de la modificación cerebral de los aferentes del entorno. Amén de eso, el producto de consumo “historia” debe entretener al escritor y al lector, y por eso creo que hay que tratar de combinar esas dos cosas que mencionabas y que pueden ser contradictorias pero llegan por estar buscando esa otra parte.
Ramiro Sanchiz: Yo creo que quien lea mi novela con esa mirada puede encontar más semejanzas. Como decías, hay un intento, desde caminos distintos, de capturar cierto momento y cierto lugar. Ahora, de cómo lo reconstruyas, de tus ganas de documentar o no, de jugar o lo que fuese, puede ser que tiremos para lados distintos. Hay cosas en común en las novelas de Andrés y las mías, sobre todo habiendo leído las de él estando metido en las mías. Es interesante que algo que podemos ver como muy dispar también tiene puntos de contacto interesante. Hay dos mundos que pueden llegar a tocarse, porque aunque se trata de actores sociales distintos, tienen en común cierta invisibilidad. De algún modo lo de Perséfone, con ese “rock teatral”, como decía Gabriel, no está en el centro del rock, más bien al contrario. La movida que se describe en Lineal y en Perséfone es más bien de toques de cuatro bandas superdesconocidas que capaz que una toca ska y otra metal pero las une esa cosa de estar empezando, de ser una banda under que viene muy maquillada onda Bowie o con toda la parafernalia del metal escandinavo. En Parir también esa gente que no es tan visible, que desde otro ángulo, pero es periferia al fin.
















