Fernando Peláez (Montevideo, 1958) Licenciado en Matemáticas, profesor y especialista en rock nacional. Se licenció en 1988 y dos años más tarde realizó un Master en Matemáticas, ambos grados otorgados por la Universidad de la República. Fue profesor de las Facultades de Ciencias y de Ingeniería y, desde 1998, ocupa el cargo de Profesor Titular (grado 5 efectivo) de la Facultad de Ciencias Económicas. También es profesor en el Instituto Crandon, en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y en la ORT. Tiene publicaciones científicas y ha participado en seminarios, congresos y eventos internacionales dentro del área de “Análisis Funcional”. Ha dictado charlas y conferencias y escrito textos vinculados con la didáctica de la Matemática. Desde 1997 comenzó a estudiar e investigar la historia de la música popular uruguaya vinculada al rock. Fue columnista de rock en radio y televisión, ha publicado en revistas nacionales e internacionales, participado en mesas redondas y seminarios. Realizó durante 7 años una investigación sobre el devenir del rock nacional que derivó en su obra más conocida: los dos tomos del libro De las Cuevas al Solís catalogados como fascículos imprescindibles de la historia del rock nacional con los que obtuvo los premios “Revelación Bartolomé Hidalgo 2003” y “Premio Graffiti 2003”. Dos años después publica Rock que me hiciste mal junto a Gabriel Peveroni. Realizó también una exposición con la misma temática, llamada20 bandas orientales del siglo XX, en el Centro Cultural España. Desde 2009 es Profesor Adjunto de la Escuela Universitaria de Música (de la UDELAR).
Entrevista en línea
¿Cómo ves el panorama del rock nacional en la actualidad?
Creo que desde hace algo así como tres años hemos entrado en una etapa de transición. Y no me estoy refiriendo al aspecto de mayor o menor popularidad masiva (aún hay artistas que la mantienen) sino desde otros dos puntos de vista.
Por un lado está el sentido de pertenencia generacional a un “movimiento” (o submovimiento) estético cultural dentro del panorama del rock. Por ejemplo, entre el 85 y el 89 estuvo la novedosa movida generada en torno a Estómagos y Traidores. En la segunda mitad de los 90, una parte de los adolescentes y jóvenes de la época se encontraron íntimamente identificados con una propuesta musical e ideológica (también novedosa en nuestro país) que embanderaba una novel banda llamada La Vela Puerca. Ese conjunto de seguidores fue capaz de llegar a “militar” en tal sentido, mientras el punk nihilista de los treintañeros Traidores no les decía nada. ¿Dónde están las bandas de jovencitos que jueguen hoy el papel que jugaron Los Estómagos en los 80 y La Vela a comienzos del 2000? Fundamentalmente desde una óptica extra-musical, ¿tiene sentido que artistas treintañeros y hasta cuarentones continúen siendo el espejo del camino (o los caminos) a seguir por los adolescentes?
Por otro lado (aunque relacionado con el anterior) está el aspecto vinculado con la novedad artística, con la originalidad, con la capacidad de provocar sorpresa. Salvo en el caso de algunos solistas (como Franny Glass o el ya experimentado Buscaglia) y de pocos grupos (¿Vieja Historia?), parecemos estar estancados en ese sentido.
¿Cuáles son las principales diferencias entre el rock actual y el de los años ’60 y ‘70?
Entre el rock actual y el de los ‘60 y ‘70 hay dos diferencias esenciales. Una es la brutal diferencia entre el acceso a la información y las herramientas técnicas y tecnológicas a las que se puede acceder. (En este sentido el rock de los ‘80 tuvo más que ver con el pre dictadura que con el actual). La otra es que el rock de los ‘60 y ‘70 era algo que se hacía por primera vez y que significó el quiebre generacional más rotundo en la historia de la humanidad.
En referencia a tu libro De las Cuevas al Solís. ¿Te consideras el primer historiador de rock nacional? ¿Cuáles han sido las repercusiones del libro?
Obviamente, la primera pregunta no me corresponde contestarla. En cuanto a la segunda, realmente las repercusiones a nivel local e incluso internacional superaron cualquier expectativa. Una enorme cantidad de personas (músicos, periodistas, público en general) se pusieron en contacto luego de la edición para felicitarnos, agradecer y enviarnos más material e información complementaria. Lo más grato ha sido el retorno que he tenido de parte de las generaciones más jóvenes. Justo ayer, en un boliche de Montevideo se acercó uno de los integrantes de Hablan por la Espalda, al cual no conocía personalmente, pera decirme que gracias a los libros se había interesado en escuchar un montón de música uruguaya que no conocía y que, en parte, esa fue una de las razones del cambio de estilo de la banda. Y, por supuesto, la gran cantidad de nuevos amigos que coseché, entre ellos mis viejos ídolos.
¿Qué papel juega el rock en la construcción de la identidad nacional?
Al igual que otros territorios musicales de tradición afro-norteamericana (como el jazz), el rock forma parte de nuestra cultura desde hace décadas. A mi lo que más me hace vibrar de la escena local son los toques en vivo de Pablo Traberzo haciendo blues puro. Nunca estuve en New Orleans ni en Chicago, pero qué le voy a hacer, eso es lo que me ocurre a nivel emocional. Sin embargo, estoy convencido de que lo más aporta en la construcción de una identidad propia es la fusión de las tradiciones musicales de otros países (rock, jazz, blues, por ejemplo) con las tradiciones locales (candombe, milonga, murga, por ejemplo). Y no me refiero solamente a lo que hicieron Rada, Mateo, Dino, Roos, Cabrera (entre los más notorios y veteranos), sino también a otros hallazgos creativos en la fusión de diversos elementos, como lo que hizo por ejemplo La Trampa, una banda dark de rock duro que logró impregnar (muy acertadamente) de un aire tanguero y milonguero a prácticamente toda su obra.
Y no nos olvidemos de los textos. Los textos también deben jugar un papel importante en esa construcción.
¿Cuánto le debe el rock uruguayo a la X FM?
En cada etapa en donde el rock uruguayo avanzó existieron comunicadores que se transformaron en el motor de la movida. Los jóvenes nucleados en las radios Vanguardia y Panamericana a comienzos de los ‘70, Emisora del Palacio a mediados de los ‘80, luego El Dorado, luego X FM. Además de su tremendo valor en lo que respecta a la militancia cultural vinculada al rock, las dos propuestas que compartieron la onda 100.3 tuvieron el acierto de ser generosos al difundir diversos estilos. No al extremo idealista de los ‘70, pero si mucho más que aquellos que terminaron moldeando el gusto de las nuevas generaciones según criterios y gustos personales.
¿Cuánto le deben las nuevas modalidades de eventos multitudinarios (como la Fiesta de la X, el Plisen Rock) al rock nacional?
La Fiesta de la X apoyó una gran diversidad de tendencias, algo que no hicieron los organizadores del Pilsen Rock, quienes concentraron las propuestas en lo que personalmente entendían como el “mainstream”, dejando de lado a varios subterritorios dentro del amplio territorio del rock.
¿Estudiaste el rock de algún otro país? ¿Qué se puede decir a grandes rasgos del rock argentino?
Viví muy de cerca el rock argentino hasta 1980, paso a paso y en paralelo a lo que sucedía aquí. Tengo casi todos los discos, varios libros, revistas y videos que he estudiado y disfrutado. Se puede asegurar que hasta 1973 los movimientos rockeros de ambos países fueron totalmente similares en términos relativos a la cantidad de habitantes. A partir del ‘74 acá desaparece todo y en Argentina, a pesar del exilio y de algunas movidas subterráneas (como la que da lugar a la aparición de los Redondos), varios artistas comienzan a llenar estadios. Después de 1980 lo seguí solamente como aficionado. También he leído algunos libros sobre la historia del rock en otros países de Sudamérica (y dejo de lado a Brasil pues es todo un mundo aparte). Es llamativa la similitud de las cosas que ocurrieron. Esencialmente durante los ‘60 y comienzos de los ‘70. La única diferencia esencial fue que aquí (y en Argentina) tuvimos a Los Shakers. Luego del ‘73 las dictaduras complicaron todo.
Creo que en los últimos años de rock argentino, y salvo honrosas excepciones, los artistas más interesantes no coinciden con los más populares. Un solo ejemplo: Pequeña Orquesta Reincidentes.
En relación a tu experiencia como docente de matemáticas. ¿Fernando Peláez es un docente más popular por saber de rock?
Para algunos estudiantes si, los más copados con el tema y que están muy informados. Aunque no creo que sea más “popular”, sino que nos permite entablar una relación diferente. Por suerte son muchos más que en mi época de estudiante (en donde sólo cuatro de un liceo entero conocíamos a Led Zeppelin e íbamos a los recitales de Psiglo y Días de Blues). De todos modos me llama la atención que, más allá que la mayoría conoce los hits de las bandas de éxito masivo, los realmente interesados siguen siendo minoría (aunque, repito, mucho mayor que en otras épocas).
Desde una mirada externa, se podría decir que la matemática es una ciencia dura y estructurada, mientras que el rock es una manifestación artística libertaria y hasta anárquica. Para Fernando Peláez, ¿qué tienen en común estas dos áreas?
Mirá, la amplia mayoría de los matemáticos (investigadores) que conozco son fanáticos de la música. Los mayores de 60, expertos en música culta. Y los menores de 50, en rock, jazz y fusión. No tengo idea de cual es la conexión, pero algún contacto tiene que haber.
¿Has pensado en dedicarte a la música?
Durante sexto de escuela y primeros años de liceo tuve una banda y, luego de un impase de tres décadas, comencé a estudiar música y guitarra. El conocer los secretos del toque de la guitarra eléctrica, algunas escalas, formación de acordes, tiempos, ritmos, algo de melodía y armonía, me ha ayudado muchísimo a comprender la estructura musical de las canciones, entre otras cosas. Pero no lo estoy haciendo con intenciones de “dedicarme a la música” sino como complemento en la tarea de investigador en la historia del rock.
Conversando con estudiantes de la Facultad de Ciencias Económica, nos confesaron que “el profe es fanático de la Trotsky Vengaran”. ¿Es verdad?
Ja, ja, ja. ¡Qué buen dato te pasaron! Yo respeto muchísimo a los Trotsky, creo que no existe una banda en Sud América que dentro de ese estilo presente los shows con tanta energía como ellos. Por algo los incluí en la exposición “20 bandas orientales del siglo XX”, dejando de lado a otras bandas que personalmente admiro (como Buenos Muchachos y Terapeutas). Pero ocurre que mi experiencia auditiva rockera rechaza las melodías que remiten a la “porteñada” o al “melódico internacional”, aunque sean tocadas con distorsión y con actitud punk. Eso también me pasa con algunas de las canciones más populares de Buitres.
¿Cuáles discos de rock nacional no pueden faltar en la casa de Fernando Peláez?
Los tres de Shakers, Los Mockers, El Kinto, Totem (el primero), “El Dino” de Dino, los tres primeros de Eduardo Mateo, Opus Alfa, “Ideación” de Psiglo, Días de Blues, “Sansueña” del Darno, “Montevideo agoniza” de Traidores, “De Memoria” y “Pueblo chico, infierno grande” de Níquel, “Terraja” del Peyote, “Toca y obliga” y “Laberinto” de La Trampa, “Montevideo” de Rada, “La Tabaré 18 años” de la Tabaré, Cuarteto de Nos, “Amanecer búho” de Buenos Muchachos, Guatusi, Triple Nelson, Los Kafkarudos, … y el que está por grabar Pablo Traberzo.
Enlaces de interés
Guilherme de Alencar Pinto. Un enamorado de la música uruguaya.
















