El nuevo espacio de lo teatral y el surgimiento de un nuevo ideario
Podemos reconstruir el contexto en el que se hacía teatro en el Río de la Plata en este período.
Tanto en Montevideo como en la ciudad de Buenos Aires, existen muchos documentos que nos remiten a la creación de las primeras cooperativas y también de los primeros intentos por construir figuras de agremiación y de defensa de los intereses relacionados con las Artes del Espectáculo latinoamericano. Estos materiales nos hablan de una clara articulación del movimiento, de una cierta perspectiva ideológica y de las fuerzas y contradicciones que se desarrollaron alrededor del hecho escénico.
Las preguntas de: ¿qué hacer en el teatro?, ¿cómo lograr sobrevivir sin un presupuesto fijo?, ¿qué teatralidad?, ¿qué naturalidad?, ¿ una realidad?, ¿cuál realidad?, ¿qué repertorio? ya están en la discusiones de esta época.
En medio de un clima efervescente se copian, deforman y compran textos, comienza una actividad de creación nacional, se improvisa y se desespera por no encontrar los medios expresivos y financieros que logren puestas de mayor jerarquía estética.
Lo de siempre.
Pero hay que considerar que el teatro fue un lugar de gran convocatoria pública durante todo el siglo XIX, espacio de pertinencia desde donde se estaba construyendo una nueva identidad, un nuevo relacionamiento social que desembocará en una nueva sensibilidad más allá de los centros de poder de la Iglesia y el Estado.
Moral, moralina y sus distintas estrategias
El teatro es un lugar donde se manejan grandes tensiones.
El uso de la máscara exige una personalidad capaz de soportar altos conflictos. Para poder sobrevivir en este ambiente se hace imprescindible poseer voluntad, carácter y un cierto empecinamiento.
Alrededor de 1820 Trinidad Guevara parece llevarse muy mal con otra actriz, la señorita Ujier –o Ugier–, el público lo sabe, se conmueve con el escándalo y toma colocación poco a poco en una problemática nueva. Veamos la mirada en contraste que nos da Arturo Capdevila en “La Trinidad Guevara y su tiempo”de estos dos personajes:
“La señora Ujier era en todo y por todo una persona muy moral. Pero muy moral. Lo que se dice muy moral. La señora Guevara, en cambio, no cultivaba el género …”
“La señora Ujier amaba y frecuentaba las iglesias. De ida o de vuelta cumplía devociones en la Merced, que le quedaba al frente. La señora Guevara acaso de tarde en tarde, bien que lo pudiera ejemplarizar a la otra con su fervor. La señora Ujier vivía un destino teatral oscuro y pobre, y no era menos mortecino el brillo de su vivir cotidiano. La señora Guevara, entretanto, era la heroína de los grandes papeles, y en la vida real discurría aureolada de un halo de poesía y romántico amor.”
El propio Juan Cruz Varela, uno de los dramaturgos más conocidos de la época, escribía con relación del estreno del “Aristodemo” de Cabrera Nevares estos motivos sensuales sobre Trinidad Guevara que se volvieron célebres a nivel de corrillo popular:
“Miel, ardor y muerte
Tu labio derrama,
Quien te oye y no te ama
Corazón no ha …”
La actriz causa sensación al entrar en escena montada a caballo en una pieza de “moros y cristianos” y en “Pablo y Virginia” lleva ajustados pantalones de seda amarillos al interpretar el papel masculino. Se trata de verdaderas audacias escénicas para aquellos tiempos. Pero no es sólo eso.
El personaje que nos interesa avanza esquivo en primer plano mostrando un detalle singular.
La Trinidad gusta de llevar al cuello en sus presentaciones un medallón con el retrato de su amante de turno. El retrato que conservamos de juventud de ella lo lleva y sabemos que era moda de su tiempo:
“Las damas se arreglaban con esmero en tanto sus ropas y el cuidado de su aseo. Las mantillas cubrían parte de la cabeza y hasta sus ojos. Que hasta había algunas que solo miraban por uno. Para realzar el cuello y en confianza, se usaba aderezo de cinta con medallón de imagen, de marido o pretendiente. Si estaba vivo significaba que estaba pronto el pájaro, en mujeres solteras no se usaba jamás retratos de difuntos“ –según dice Margarita S. de Artagaveytia en sus recuerdos.
Se trataba de una pintura hecha a mano sobre porcelana o cartón y cubierta con portal de vidrio; una miniatura oval heredera de las tradiciones hispano-flamencas que tuvieron amplia acogida dentro de las clases altas durante la colonia y la independencia americana. Usarlos con un retrato de hombre, significaba publicitarlos y al mismo tiempo –por un sistema de acuerdos sociales– reconocerlos en relación con su portadora.
Don Manuel Gallardo
Al retrato de Manuel Oribe le sigue otro Manuel –que parece también “tener pronto el pájaro”–: Don Manuel Bonifacio Gallardo y Planchón, personaje vinculado a los círculos de Rivadavia, abogado, dueño de un periódico y futuro constitucionalista de la República Argentina.

Fotografía realizada a fines del siglo XIX de retrato sobre porcelana pintada instalada en medallón. Don Manuel Gallardo y Planchón. Colección Archivo General de la Nación. Buenos Aires.
Wilde y Bosch nos informan sobre el primer acto de esta comedia real de enredos:
“Trinidad entró al teatro a fines del año 16, muy joven aún pero muy estudiosa e inteligente: haciendo papeles de criada se reveló. Un año después los protectores del teatro la tomaban bajo su amparo, dándole ocasión de progresar en un arte para el que la naturaleza tan bien la había dotado. Trabajó ya con éxito en los años 19 y 20 llegando a hacerse la favorita del público. Es un hecho que anduvo enredada en una intriga de amores con uno de los hombres más conocidos de la época, el cual sostenía furiosas discusiones en los diarios con cuanto se permitían hablar de ella. El clérigo Castañeda por más apasionado que fuera en propaganda estaba en lo cierto al asegurar que usaba el medallón colgado al cuello con el retrato de aquél, pero el público quería tanto a la artista que la reclamaba a pesar de todo.”
El 26 de mayo de 1821 el Argos publica una extensa nota titulada “Coliseo” donde critica la representación de una obra y en uno de sus párrafos dice que :
“En el papel de princesa se descubrió una señora que solía antes ocupar un palco y en otro palco de abajo se advirtió a la Trinidad que antes desempeñaba ese papel”, y aconseja a ambas trocar los roles.
Wilde y Bosch subrayan sobre el asunto:
“Era tan grande el cariño por ella que cuando fue reemplazada por la Ujier hostilizaron a ésta de tal modo con risas y siseos insolentes que hubo de retirarse del teatro. Cierta noche que se daban Los hijos de Edipo y que la Guevara presenciaba la representación desde un palco , las manifestaciones llegaron al colmo; el público en masa, en cualquier pasaje en que había sobresalido, clavaba en ella los ojos, no tanto para leer sus impresiones o cerciorarse si aprobaba o desaprobaba la interpretación que la otra artista daba a dicho pasaje, sino para significarle con ese ademán que estaban todos de acuerdo en que no aceptaban aquella interpretación y sólo la suya era la de su gusto”
El incidente a nivel teatral concluyó con el retiro de la Ujier, su definitivo alejamiento de las tablas y la Trinidad retornó a su papel de princesa.
Pero el asunto no estaba terminado, era el fin del primer acto.
La Asamblea de las 500 y el “ Inquisidor”
En el segundo acto aparecen en acción un grupo amenazante de damas argentinas, católicas y fanáticas que publican libelos injuriosos de amplia tirada y están lideradas por un clérigo con fama de inquisidor: Fray Francisco de Paula y Castañeda .
Esto dice la leyenda.
En realidad se trató de un simple monje franciscano de la observancia que se dedicó con saña a perseguir a todo aquel que no comulgara con los estatutos fundamentalistas de la iglesia católica.
Era un cura de armas a tomar, disfrazaba sus escritos con supuestos envíos de lectores y amenazaba con diatribas.
El nombre del periódico es por demás claro en sus pretensiones y en sus desvaríos: “El Despertador Teofilantrópico Místicopolítico”.
Sin embargo era muy leído.
El 20 de junio de 1821 la Secretaría de la Sala de las 500 “envía” una carta al periódico y éste publica lo siguiente:
“No ha sido no, Sr. Misticopolítico, la poca aptitud de la Ugier para cómica, quien promovió la montonera que se ventila. El grande partido, que en calidad de mujer tiene la Sra. Trinidad Guevara entre los sectarios del materialismo, ha sido quien la ha elevado por segunda vez a las tablas con depresión del decoro debido a la Sra. Ugier, para perpetuar desde allí la ilusión de los encantos mujeriles con que esta fantasmagórica deslumbra y aturde a sus devotos sensuales.”(…)
“Todas las naciones, aún las más civilizadas han tenido mujeres prostituídas, y sabemos que este infame comercio en algunas de ellas llegó a elevarse hasta hacer un precepto de religión. Las sacerdotisas de Venus ofrecían diariamente a esta diosa un sacrificio análogo a su culto, La sagrada Biblia nos enseña que los judíos tenían sus meretrices; y la historia de los romanos nos pone por delante los lupanares, o casas donde se extinguía la sed rabiosa de la sensualidad: mas si registramos los códigos de estas mismas naciones, encontraremos que no se miraba con indiferencia la liviandad mujeril cuando ella se atrevía a perturbar la paz de las familias o a manchar en un momento de flaqueza el santuario del tálamo nupcial”(…)
“Nosotras leemos en efecto que los romanos, los griegos, y aún las naciones más salvajes arrojaban de su sociedad a las mujeres que intentaban llevar por los lugares públicos al vicio en manera de triunfo; o que se esforzaban a excitar con sus adornos femeniles deseos que no tenían, placeres en los que su embrutecimiento no obtenía la menor parte. La Trinidad Guevara es una mujer, que por su criminal conducta en esta materia ha excitado contra sí el odio de todas las matronas, la execración de todos su semejantes. Su impavidez la arroja hasta presentarse en las tablas con el retrato al cuello de uno de sus aturdidos amasios (sic), que desatendiendo los sagrados deberes de su legítima esposa, y familia, vive con esta cómica de una manera harto humillante”(…)
“Ojalá, Sr. Teofilantrópico, los desórdenes de la cómica Trinidad Guevara no se hubieran hecho tan trascendentales, y perjudiciales a muchas de las familias que componen este noble vecindario. Pero nosotras sabemos que existen no pocas casas llorando unas el extravío de sus hijos; otras las ruinas de sus caudales; otras ocupadas continuamente en la extinción de la pestilencia y mortífera lue (sic) venérea que les ha introducido para azibarar sus más inocentes y apetecidos favores.”(…)

Retrato caricaturesco con forma de medallón de Fray Francisco de Paula y Castañeda aparecido en un periódico de época. Registro que forma parte de la Colección herederos de Teodoro Klein. Buenos Aires.
“Contra esta Ana Bolena montevideana desea la honorable asamblea de las quinientas, que usted ejercite los rasgos misticopolíticos de su pluma, para que esta amable sociedad se vea libre de una cloaca de vicios e inmundicias. Nosotras tenemos un derecho para exigirlo de V. y V. lo tiene para reclamarlo del gobierno, cuya primera obligación es la conservación de este pueblo. Salus populi suprema est.”
El golpe ha sido feroz. En un principio hubo estupor público en Buenos Aires, luego la acción se da con otro decorado: Trinidad Guevara se retira de la escena como protesta y el gobernador Martín Rodríguez –meses después y por otros motivos– destierra al “sacerdote periodista” a la frontera. El público reclama insistentemente la aparición de la actriz y atiende los resultados.
Silencio hábilmente auscultado entre bambalinas. Finalmente se da a publicidad en hoja suelta y firmado el siguiente texto que nos ha llegado mutilado:
“Exposición de este Coliseo de doña Trinidad Guevara a consecuencia del libelo infamatorio publicado en el nº 60 del Teofilantrópico:
Público respetable: La agresión tuvo por causa el propósito de defender el decoro de la Sra Ugier (…)
y un periodista sacerdote ha venido a ser el sacrificador , Así se me ha calumniado en un papel que bien podría servir de tumba a la libertad de imprenta en el país más fanático de ella. Según el autor yo pertenezco a las furias, no a las mujeres.
Pero ¿ he dicho cosa alguna contra esa señora Ugier?
¿He obrado yo contra ella o ha sido el mismo público? Y aunque fuere justo vengarse de mi ¿sería preciso que un periodista sacerdote fuera el sacrificador y la gran Buenos Aires el templo donde yo fuera sacrificada?”(…)
“Enemigos tan miserables, cobardes y viles cuanto son de enmascarados, yo espero en vano que se quiten la máscara, o al menos muestren las armas con que hieren. Lo sé muy bien, pero yo debo esperar por satisfacer al menos a un público que me ha distinguido tanto en mi profesión y a quien se asegura que tanto he ofendido con mi conducta. Espero pues hasta un término regular. Pasado este, yo me veo precisada a regresar al lugar pobre donde nací; y cuando no lleve allí la satisfacción de haberme vindicado de calumnias tan atroces como yo quisiera, llevaré sí la de que su misma deformidad las hace inverificables en cualquier mujer; que ellas han sido levantadas por una negra venganza ante un pueblo ilustrado; y que por los conocimientos de mi persona y por su penetración reputará como una mujer no criminal sino infeliz a Trinidad L. de Guevara”.
La línea final que llega hasta nosotros es sencillamente la voz de una mujer profundamente conmovida.
Se trata del único documento que conocemos en donde aparece la firma completa del personaje con la “L” paterna de Ladrón que le da pertinencia histórica.
Inmediatamente después de este suceso la carrera de Trinidad Guevara se eleva hasta alcanzar su cenit, trabaja incansablemente, viaja en giras, participa de la creación de diferentes cooperativas teatrales y es reconocida como la principal actriz de su tiempo en el Río de la Plata.
Su repertorio
Conocemos parcialmente los títulos de las obras que logró llevar a escena. La actividad que desarrolló nos habla de un constante cambio de estéticas y de escuelas teatrales; constituye un verdadero paradigma en tiempos del fin del neoclásico y comienzos del romanticismo. Entre las obra en las que actuó mencionamos:
“Otelo” y “Hamlet” de Shakespeare; “Orestes” y “Roma libre o el Bruto”de Alfieri; “La mujer curiosa” de Goldoni; “La escuela de las mujeres” y “El tartufo” de Moliére; “Dido abandonada” de Pietro Metastasio; “El Cid” de Corneille; “Hernani”, “María Tudor” y “Margarita de Borgoña” de Víctor Hugo; “Los exteriores engañosos “ de Boussy; “Las novicias del claustro” de La Harpe; “El amor y la intriga “ de Schiller; “Carlos y Eduardo” de A. Duval; “Misantropía y Arrepentimiento” de Kotzebue; “Orestes” de Quintana; “Guatimoc” de Fernández de Madrid; “Aristodemo” de Cabrera Nevares; “El Siripo, cacique de los Timbúes en el Paraná ”de Lavarden; “Isabel, reina de Inglaterra”, “Pablo y Virginia”, “Dido ” y “Argia” de Juan Cruz Varela.
El intento de suicidio de la Trinidad
Pasan cinco años. Estamos en 1826. La actriz se ha vuelto célebre; tiene ya tres hijos: Carolina (1816) fruto de sus amores con Oribe, vive en Montevideo; Caupolicán (1819) y Domitila (1824) son el resultado de su unión con Gallardo y a pesar de que no se han casado, los niños aparecen con el nombre de su padre.
La situación del teatro es inestable, lo mismo que en la política, ya que inmediatamente después de la guerra de independencia, aparecen los primeros enfrentamientos entre dos idearios que ya se perfilaban como irreconciliables: los federales y los unitarios.
Un empresario teatral asoma la cabeza, se trata de Don José Olaguer y Feliú, un patricio rico, guerrero de la independencia, miembro de de la Sociedad del Buen Gusto de Teatro, que además es muy apuesto y con ideas novedosas. A partir de él se descubrirá que el teatro puede ser también un buen negocio y se instalan los melodramas en la escena bonaerense. No estamos aquí solamente hablando en términos de géneros dramáticos ni de ficción, pues al segundo medallón de Gallardo al cuello, le sucedió en 1826 el de este señor que provocó otro escándalo:
“Por haber regalado a la comediante un relicario perteneciente a su madre, el famoso “Relicario de la Reina” lucido sin empacho en las tablas” – según frase de Celia de Diego.
En este contexto de pasiones románticas explosivas surge un documento:
“Asiento policial.
Ante el comisario Juan Bautista Perichón.
Trinidad Guevara expresa que tomó por equivocación, en lugar de un calmante para sus frecuentes dolores de cabeza, cierta dosis de arsénico (menos de una cucharadita de café)
Sin duda habría perecido sin auxilio alguno a no haber oído sus gritos la familia que acudió al momento con algunos amigos a favorecerla. El arsénico se lo dio su compadre el doctor Díaz Velez, para matar las ratas que se habían apoderado de su casa.
Buenos Aires julio 13 de 1826.”
Archivo Gral. de la N. A.
Aclaración pertinente:
Hasta el día de hoy, la Iglesia está indisolublemente ligada al Estado en la República Argentina. Durante todo el siglo XIX la figura del suicidio fue considerada como delito grave; el suicida era “castigado” no recibiendo los sacramentos, sus restos eran enterrados fuera de los recintos amurallados de los cementerios y su nombre borrado de los registros eclesiásticos. En caso de sucesión de bienes patrimoniales, el asunto se complicaba pues la mayoría de los documentos donde constaba la identidad se remitían a las partidas de nacimiento dadas originalmente en las parroquias. Se conocen casos donde se suprimió la línea parental que correspondía al suicida, quedando sus descendientes fuera de las cláusulas testamentarias. Todas estas figuras legales, teñidas de religiosidad confusa, eran conocidas, temidas y evitadas como un verdadero tabú social.
En el caso de los intentos fallidos el “actuante” era demandado por el Estado, debiendo comparecer ante un tribunal ordinario de lo civil que resolvía en el caso. Si el tribunal lo consideraba culpable corría el riesgo de prisión (de 3 a 6 años) y pago de una multa.
Resulta evidente que quien sobrevivía a una experiencia de este tipo no tendría ni interés ni fuerzas para enfrentarse a querellas judiciales tan graves. Al “actuante” sólo le quedaba como recurso replantear el tema dando pistas falsas o encarando un relato que lo eximiera de sus “culpas”.
Existen muchos casos parecidos que se pueden rastrear en los archivos policiales, pues allí era donde se hacía el presumario. Casi todos parecen formar parte de un modelo prefabricado, las palabras “accidente”, “descuido”, “equivocación”, “sin conocimiento de responsabilidad” dan el perfil del drama. ¿En el caso de Trinidad se trató verdaderamente de un intento de suicidio? Es muy posible. En todo caso, qué es en definitiva ese asiento policial sino teatro? La indicación, reticente, ambigua y entre paréntesis en el original de: “(menos de una cucharadita de café)” no es acaso la aclaración, la voz de ella?
Desde noviembre de ese año Trinidad Guevara se aparta de la Compañía y se va de gira por Córdoba y posteriormente a Chile donde se quedará por dos años.
Suponemos que se separa definitivamente de Olaguer y Feliú. Pero aún tendrá dos hijos más, esta vez ya con su propio apellido, por lo que aparentemente también se apartó de Gallardo. Se menciona insistentemente a Juan Casacuberta como a otro de sus amantes.
Etapa crucial en el teatro, el final de la década de los años 20
En estos años llega una corriente europea importante para los espacios teatrales y sociales del Río de la Plata. Se trata de numerosas familias de teatreros y músicos, recitadores y arregladores que surgen de los nuevos intersticios de las Artes del Espectáculo.
La compañía de Antonio Gonzalez trae a Montevideo los títulos del teatro internacional: “Otelo o el Moro de Venecia” y el ” Hamlet” de Shakespeare; “La escuela de las mujeres” y “El tartufo” de Moliére; “Dido abandonada” de Pietro Metastasio y los modelos adaptados de la vieja Comedia del Arte de Goldoni.
La familia Chiarini llega con sus espectáculos de magia y circo, sus telones pintados a la manera italiana, mucha parafernalia con asistentes y líos de empresarios; trae también algo más importante: el gusto por la tragedia clásica muy vinculados con el sentir republicano.
En cuanto a los músicos, la mayoría son profesionales de cámara, gente de probada reputación y oficio. No sólo hacen teatro, también se mezclan con las familias del lugar y enseñan música, se transforman en maestros de baile, dan consejos en literatura, hacen de jueces o de árbitros de las nuevas costumbres en los periódicos y revistas.
Entre ellos aparece la figura de Antonio Sáenz, un músico formado en la vieja escuela española, pero con ideas revolucionarias capaces de entusiasmar a los jóvenes. En su valija de inmigrante trae las partituras de “El Barbero de Sevilla” y el “Tancredo” de Rossini, además de canciones populares ajustadas al gusto por la ironía, la chanza y el doble sentido del nuevo lenguaje revolucionario.
El narizotas (1821) por Joaquín Díaz, Canciones de la guerra de la independencia
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El trágala (1820) por Joaquín Díaz, Canciones de la guerra de la independencia.
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Pitita (1823) por Joaquín Díaz, Canciones de la guerra de la independencia.
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BLAS DE LA SERNA (atrib.), El Trípili, 1816.
Teresa Barrientos (voz) guitarras Jorge Miguel González y David González, 20 febrero 2008.

El Cuando – 1818 Danza Colonial – Trío de Guitarras Domine
Trío de Guitarras Domine Centro Cultural Buenos Aires. Miércoles 20 de mayo de 2009

Comienza inmediatamente a recrear composiciones con motivos regionales.
Las viejas tonadillas andaluzas tocadas en piano forte o clave, darán paso a las Boleras Jaleadas de la Media Caña acompañadas de piano, zapateo y guitarras. No son sólo adaptaciones de los cánticos populares del lugar, son también el descubrimiento de otra realidad social: la del campo y los suburbios.
Sáenz no es el único en este interés nacionalista, también está la figura importante de Francisco José Debali que crea los primeros cielitos orientales, entre ellos el “Cielito de la Batalla de Cagancha”, que servirá de modelo en ritmo y composición a la poética de Bartolomé Hidalgo.
Su vinculación con los espacios políticos de la época dan lugar a las primeras composiciones patrióticas. Debali forjará la primer versión del Himno Nacional Oriental: “La Republicana”, con evidente influencia de la ópera rosiniana. Los versos de Francisco Acuña de Figueroa redoblarán en el texto original en un insólito dúo para bajo y barítono:
“Sangre y muerte y horrores nos cuesta este Do Sacrosanto Gozar”
A partir de estos años desaparecerá definitivamente de la discusión pública el viejo paradigma teatral entendido como “Espejo de la realidad, fuente de virtud y de moral”; se tachará esto último y quedará sólo el “Espejo de la realidad”.
El Río de la Plata ya estaba pronto para aceptar otras verdades.
El 26 de junio de 1829 se estrena en la Casa de Comedias de Montevideo y bailado por la actriz Juana Cañete, la danza de “La Cachucha” provocando el más sonado escándalo registrado en las crónicas de época. El asombro fue mayúsculo. La letrilla de:
“Yo tengo una linda cachuchita.
Que me regaló el cachuchero …” acompañadas de castañuelas, taconeo y ” baile de revueltas” harán las delicias de una juventud que ya se enfila hacia las corrientes románticas internacionales.

Ilustración de carátula original de la partitura musical "La Cachucha" 1830. La imagen corresponde a la actriz y bailarina austríaca Fanny Essler, pero el gran parecido con Trinidad Guevara hizo que el público oriental creyera durante mucho tiempo que se trataba de ella. Colección Ariel Mastandrea. Montevideo.
Por supuesto que La Trinidad también bailó sus “cachuchas”, como correspondía a una mujer de avanzada, tanto en una como en otra ciudad de las márgenes del Plata.
Podemos aproximarnos al valor de esta composición gracias a las investigaciones realizadas en el Instituto Mariinski de Moscú que trabajó conjuntamente con el Real Instituto de Música de Madrid y los aportes dados por el archivo de Lauro Ayestarán.
Una actriz soltera y madre de siete hijos
Trinidad Guevara tuvo siete hijos naturales, ellos son:
1.-Carolina Martina Oribe.21.2.1816-(…)1839.
Se casó en Montevideo con Avelino Lerena , personaje vinculado a los círculos oribistas.
2.-Domitila Gallardo. Circa 1824.-(…)
Se casó en Chile con Francisco Acuña del Solar, de origen patricio e hijo de Benjamín Acuña Mackenna, que fue presidente del país trasandino en 1829.
3.-Martín Augusto Caupolicán Gallardo .11.11.1819-(…)1881.
Alcanzó el grado de capitán en el ejército argentino. Según algunas versiones peleó junto al general Paz en el sitio de Montevideo durante la Guerra Grande.
4.-Adolfo Gallardo(…)
5.-Arturo Gallardo(…)
6.- Laurentina Guevara. 15.1.1831-(…)
Desde niña subió a las tablas acompañando a su madre en el baile y el recitado. De adulta logró amplia trayectoria. Se casó con un empresario teatral: el coronel Pedro Lacasa.
7.-Dolveo Guevara. 13.5.1840-(…)
Coronel argentino. Estuvo al frente del batallón “General Mitre” en las batallas por la federación de Buenos Aires en 1880 , donde resultó herido.
Resulta muy difícil para la sensibilidad contemporánea percibir la problemática de la madre soltera y del hijo natural anterior a la Primera Guerra Mundial.
Hay una espesa bruma entre los documentos y testimonios que manejamos del siglo XIX y el espacio de los prejuicios y de las fuerzas que fueron capaces de desatar.
Sabemos que alrededor de estas figuras se planteó el estigma, el repudio y la expulsión social, pero desconocemos el nivel de presión, el marco de resonancias simbólicas de una cultura que tenía a la familia legal como modelo y unidad básica de su estructura. También resulta evidente que Trinidad Guevara supera los condicionamientos y prejuicios de su tiempo al criar y educar los hijos sin haber contraído matrimonio legal.
Estamos hablando de una precursora. Este personaje revela una fortaleza anímica y moral, una capacidad de supervivencia que anuncian nuevos tiempos para la mujer, trazando al mismo tiempo nuevos marcos de referencia que serán tenidos muy en cuenta por las generaciones siguientes.
Índice
El dolor de ser diferente (prólogo por Marianella Morena )
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 1)
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 2)
Trinidad Ladrón de Guevara (parte 3)

















